Un coro puede sonar aburrido sin que nadie cante mal. Suele pasar cuando el ensayo acumula rutinas: no la repetición necesaria para memorizar, que es inevitable, sino todo lo demás que se repite igual semana tras semana sin que nos demos cuenta.
Este episodio propone un ejercicio incómodo: hacer el inventario de las rutinas del propio ensayo. La lista que arma Gus Espada, director de coro, es más larga de lo que uno esperaría.
El ensayo se repite semanalmente, siempre el mismo día. Su estructura es siempre la misma: un rato de charla, la vocalización, el ensayo propiamente dicho, el recreo, otra vez ensayo y el final. La ubicación de los integrantes en la sala no cambia nunca, y dentro de cada cuerda cada uno se sienta siempre en el mismo lugar. La postura física tampoco cambia: todo el ensayo sentados, o todo el ensayo parados, y lo mismo vale para la del director. La vocalización es idéntica cada vez: los mismos movimientos de relajación de cuello y hombros, después el mismo ejercicio de respiración, después los mismos vocalizos. El aprendizaje de las partes es por repetición. El trabajo de interpretación —asignar dinámicas, articulaciones, fraseos— exige que el coro cante la misma música varias veces en el mismo ensayo. Y el repertorio del coro suele tener un único perfil.
La distinción importa. Repetir es un recurso didáctico y no hay manera de aprender una obra sin repetirla. Lo que conviene preguntarse es en qué momento un trabajo repetitivo se vuelve rutinario, para quién se volvió rutinario —los cantantes, o el director— y por qué lo rutinario tiene una carga negativa para quien tiene que hacerlo. No todas las repeticiones pesan igual, y no todas pesan para todos.
La utilidad de hacer este inventario es concreta: una vez que la lista está a la vista, cambiar el ritmo del ensayo deja de ser una intuición vaga y se convierte en decisiones puntuales. Mover la ubicación de las cuerdas, alterar el orden de la estructura, cambiar los ejercicios de vocalización o pedir que se canten de pie unos compases son cambios chicos, y cada uno rompe una rutina distinta.