Qué preparar antes de llevar una obra nueva al ensayo


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Antes de llevar una obra por primera vez al coro hay que estudiarla tres veces, y cada vez con un objetivo distinto: para conocerla, para enseñarla y para dirigirla. Son tres trabajos separados, y saltearse alguno se paga en tiempo de ensayo.

Estudiarla para conocerla

Es el análisis de la obra: las relaciones posibles entre el texto y la música, puestas en el contexto de lo que sabemos del compositor y de su época. De ahí sale, de a poco, una idea de cómo suena la obra y de cómo se la podría interpretar.

Estudiarla para enseñarla

Acá el análisis cambia de foco: qué dificultades le va a presentar esta partitura a este coro, en función de lo que uno ya sabe de sus posibilidades. Las dificultades pueden ser melódicas, rítmicas, armónicas, o de técnica vocal para resolver un pasaje. Y cada una, o la suma de varias, puede derivar en problemas distintos: de afinación, de empaste, de sonido o expresivos. De cada uno se toma nota como hipótesis, con una posible solución al lado. Esa lista es la que después evita quedarse trabado en el ensayo repitiendo un pasaje sin saber qué pedir.

Estudiarla para dirigirla

Es la guía de dirección: la línea que recorre la obra marcando todas las entradas y todos los detalles importantes que hay que dirigir. Sobre esa guía se analiza qué puede costar resolver desde la técnica gestual, y se practica antes, para llegar al ensayo con los gestos resueltos y no descubrirlos delante del coro.

El criterio de fondo es que los ensayos se planifican. Uno de los objetivos centrales de la técnica de ensayo es hacer un uso eficiente del tiempo, y en un coro vocacional que ensaya una vez por semana ese tiempo es el recurso más escaso que hay. Todo lo que se resuelve en casa deja de consumirlo.