Elegir mal el repertorio para un coro de adultos mayores tiene un costo alto: si la obra no interesa, genera desánimo y abandono; si interesa pero es demasiado difícil, se pierde el tiempo de ensayo en una obra que probablemente nunca se llegue a cantar en concierto. Para entender qué características conviene buscar (y cuáles evitar) en las partituras para este tipo de coros, se consultó a tres directoras de la provincia de Córdoba, Argentina, con experiencia concreta en la conducción de coros integrados en su totalidad por personas mayores de 60 años.
Antes de entrar en las respuestas conviene aclarar que un coro de adultos mayores requiere del director un conocimiento específico de las características fisiológicas, psicológicas y sociales de ese grupo etario, tanto para la gestión humana del coro como para la gestión musical: la técnica de ensayo (la forma de organizar y conducir el trabajo en cada encuentro) y el abordaje de la técnica vocal no son los mismos que con niños o con adultos jóvenes. Sobre estrategias didácticas para trabajar con coros infantiles puede consultarse el episodio Estrategias lúdicas para coros de niños, con fundamento pedagógico- con Vanesa Utz.
Mariana Vázquez, que codirigió hasta 2019 un coro de adultos mayores de un conservatorio, buscaba música cercana a los intereses del grupo, con melodías interesantes y sin una extensión melódica demasiado amplia: para las mujeres, evitaba pedir agudos más allá de un do5 o re5, sobre todo al comienzo del año. Funcionaban mejor las partituras a dos o tres voces, con arreglos simples, contrapuntos discretos y melodía lógica, sin armonía compleja ni disonancias. Los ritmos sincopados, las obras en otro idioma, los textos extensos o la velocidad rápida de dicción resultaban más difíciles. El unísono, en cambio, siempre funcionaba bien, aunque necesita un sustento instrumental para sostener el interés.
Laura Alberti dirige el coro de adultos mayores de la Universidad Nacional de Villa María (CORAM), que trabaja mayormente a dos y tres voces, muy excepcionalmente a cuatro, y sin distinción de cuerdas por sexo (voz femenina, tenores y bajos en lugar de la división habitual). Busca partituras con registro cómodo, en zona media, armónicamente sencillas, sin tensiones ni disonancias difíciles de afinar, sin síncopas y con una dicción que no exija velocidad ni melismas. Trabaja mayormente música argentina y, para incorporar música latinoamericana con ritmos más complejos, recurre a cánones o quodlibets, donde todas las voces cantan melodía en vez de acompañamientos rítmicamente exigentes. También aprovecha duetos por terceras y pasajes homorrítmicos como forma de entrenamiento progresivo.
Iraida Mestoy dirige el coro Voces de Otoño de la Municipalidad de Córdoba, pensado para tres voces mixtas: soprano con nota límite en mi5, una segunda voz femenina y una tercera voz masculina (o femenina octavando grave) con límite en fa2. Prioriza construcción armónica y líneas melódicas tradicionales, sin disonancias sostenidas y con buena preparación de las modulaciones cuando las hay. Evita las obras muy populares que el grupo ya conoce de memoria, porque a la hora de cantar en voces separadas cuesta abandonar la melodía principal; esas prefiere cantarlas al unísono con guitarra. También evita textos que exijan mucha velocidad de articulación y los contrapuntos marcados o los ostinatos sostenidos por secciones largas, que resultan insostenibles para el grupo. En cambio, obras en otro idioma que parecían un desafío mayor terminaron resultando superables.
Pese a haber respondido por separado, las tres directoras coincidieron en varios puntos: evitar tesituras agudas, sobre todo en la voz femenina aguda; trabajar a dos o tres voces, con la posibilidad ocasional de cuatro; buscar texturas sencillas con poco contrapunto (es decir, poca independencia entre las voces); preferir ritmos simples, con pocas síncopas y contratiempos; cuidar que la velocidad del texto no dificulte la pronunciación; y no descartar el unísono, que funciona bien sobre todo con acompañamiento instrumental.
A partir de estas coincidencias, al momento de mirar una partitura para un coro de adultos mayores conviene revisar: tesituras centrales, conociendo el agudo real de cada cuerda; texturas sencillas, preferentemente homofónicas (melodía con acompañamiento); cuidado con las texturas contrapuntísticas que exijan demasiada independencia de voces; ritmos sencillos, con pocas síncopas y contratiempos; y un tempo que permita una buena pronunciación del texto, evitando la velocidad excesiva.
Una selección de arreglos que cumplen con estas características puede consultarse en gusespada.com/biblioteca. Tenerlas en cuenta ayuda a sostener la motivación del grupo durante el año y a evitar que el tiempo de ensayo se pierda en obras que, por su dificultad, nunca lleguen a cantarse en concierto.
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