CANTAMUS.APP: Audios de estudio y sala de ensayos virtual

Portada del curso CANTAMUS.APP: Audios de estudio y sala de ensayos virtual

Docente:

Gustavo Espada

15 min

Nº Clases: 4

¿Qué hace un director cuyo coro no lee música y tiene que estudiar el repertorio de memoria? Durante décadas la respuesta fue grabar las cuatro voces a mano, primero en cassette y después en el teléfono, y hay directores que lo siguen haciendo. Este curso enseña la alternativa actual: producir los audios de estudio con Cantamus.app, un servicio que canta la partitura con voces generadas por inteligencia artificial a partir de un archivo de notación musical.

El curso está dirigido a dos públicos a la vez, y eso explica su enfoque. Por un lado, al director que no tiene tiempo de grabar las partes, o que no maneja los programas de edición de partituras, o que tiene todo su repertorio en PDF. Por el otro, a copistas, jefes de cuerda, ayudantes o coreutas que sí sepan usar Sibelius o MuseScore: pasar partituras a formato digital editable, exportarlas y generar los audios es un servicio que un coro necesita y que se puede ofrecer como trabajo. Son una introducción y cuatro clases, y el recorrido va desde abrir la cuenta hasta hacer el seguimiento de cómo estudia cada cantante.

La primera clase presenta la plataforma y su condición de entrada. Cantamus funciona en el navegador, sin instalar nada. Y solo acepta archivos MusicXML —la extensión suele aparecer como .xml—, que es el formato de intercambio que abren Sibelius, Finale y MuseScore por igual. No toma PDF, ni audio, ni la foto de una partitura. Es decir que el trabajo previo, e ineludible, es tener la obra digitalizada en un programa de notación y exportarla desde el menú Archivo. El curso también menciona un detalle práctico: la partitura se renderiza mejor en Chrome que en Safari.

En esa misma clase se revisan los planes, porque no se puede trabajar sin suscripción. El plan Básico es para cantantes: permite ensayar con las obras del catálogo, pero no subir partituras propias. El plan Pro, de 5 € al mes, es el que usa el director: habilita subir partituras e invitar cantantes, aunque cada invitado debe suscribirse al Básico de 1 € al mes. El plan Ensamble cuesta 25 € al mes, tiene una prueba gratuita de catorce días y permite invitar hasta cuarenta cantantes sin costo adicional. También hay un catálogo propio con obras ya renderizadas —el «Ave verum corpus» de Mozart, entre muchas otras— que conviene revisar antes de preparar una partitura desde cero.

La segunda clase es la que más tiempo ahorra, y el curso lo justifica con un número: cada renderización tarda entre diez y quince minutos según el largo de la obra. Si el audio sale con errores hay que volver al programa de notación, corregir, exportar y esperar de nuevo, y un trabajo de un rato se convierte en uno de dos horas. Por eso la consigna es anticipar la mayor cantidad de errores posible antes de la primera exportación.

Los problemas típicos son tres. Las repeticiones y las casillas de primera y segunda vez no se interpretan: hay que desplegar la obra de principio a fin, escribir cada letra donde corresponde y borrar las dobles barras. Los divisis deben ir en voces separadas, cada una con sus plicas y sus silencios completos, y la solución más limpia es agregar un pentagrama; si falta un silencio, el resultado sale desfasado. Y el texto necesita atención propia: la plataforma soporta cinco idiomas y canta el español de España, de modo que las sílabas sueltas se pronuncian como palabras. Si «para» o «lara» se escriben separando las sílabas sin guion, se cantan «parra» y «larra».

Ese mismo mecanismo se puede usar a favor. Para un himno en quechua —«Apu Jesucristo kuyak sunkutaitai»—, el curso muestra que dejar las sílabas sin guion hace que se canten como onomatopeyas en español, que es exactamente lo que se busca cuando el idioma no está soportado; unirlas con guiones, en cambio, produce una palabra inexistente y la plataforma rechaza el archivo. El italiano tampoco está soportado, pero escrito como latín suena razonablemente bien. La clase incluye además un caso concreto: a veces la parte de tenor se renderiza una octava por debajo, y el recurso es escribirla una octava más arriba antes de exportar.

La tercera clase cubre la subida y la mezcla. Al cargar el archivo hay que indicar el idioma y verificar la asignación de voces, que la plataforma reconoce sola cuando los pentagramas están nombrados. Si detecta repeticiones o ligaduras sin cerrar, avisa antes de procesar. Dos funciones importan especialmente: una partitura con errores se puede volver a cargar corregida sin consumir créditos nuevos, las veces que haga falta; y cada obra tiene un estado, borrador o publicada, del que depende si los cantantes la ven o no.

El mezclador —el mixdown— es donde el curso se vuelve más práctico. Cada cuerda tiene un control de volumen y uno de paneo, y por defecto vienen dispuestas como si el coro estuviera en semicírculo: la soprano a la izquierda, la contralto al centro, el bajo a la derecha. Desde ahí se descarga el audio del conjunto y el de cada voz por separado. La recomendación no es silenciar las demás cuerdas sino dejarlas apenas audibles, uno o dos puntos por encima del mínimo, para que quien estudia escuche su parte en primer plano y el resto de la armonía de fondo mientras memoriza.

La cuarta clase muestra el recurso que distingue a la plataforma de un simple generador de audios: el ensayo dentro del sitio. El director publica las obras, crea su ensamble e invita a los cantantes por correo electrónico. Cada cantante indica en qué cuerda canta y ejecuta la calibración, un paso obligatorio: sin calibrar, la plataforma graba la voz desfasada respecto del audio, el mismo problema que impedía cantar juntos por videollamada. Después graba, con dos compases de claqueta antes de empezar, y decide si guarda el ensayo.

El último paso es del cantante y sin él nada de esto funciona: en la visibilidad de su ensayo tiene que cambiar «privado» por «director». Recién entonces el director ve la grabación desde su cuenta, con el nombre de quien cantó, la fecha y cuántos compases hizo, y puede escucharla aislada o contra la voz sintetizada, con metrónomo o sin él. La plataforma marca en azul las notas afinadas y en rojo las que no, sobre la partitura, y permite dejar un comentario referido a un compás concreto.

Al terminar el curso, quien lo hizo puede preparar una partitura para que se renderice sin errores, generar y descargar el audio de cada cuerda, y montar una sala de ensayo virtual con seguimiento individual. La diferencia práctica que Gus Espada señala al cerrar es esa última parte: cuando los audios se descargan y se mandan por WhatsApp, el director ya no sabe quién estudió ni cómo le fue; cuando el ensayo ocurre en la plataforma, puede ver dónde falló la afinación y decírselo a esa persona señalando el compás.

Clase 1:

Cantamos.app es un servicio web que genera audios de estudio corales con voces sintetizadas por inteligencia artificial a partir de partituras digitalizadas. Esta primera clase presenta la plataforma: qué formato de partitura necesita, los planes de suscripción disponibles y un primer recorrido por las funciones principales del panel de usuario.

Clase 2: preparación de la partitura

En esta clase repasamos cómo preparar una partitura antes de subirla a Cantamus.app: ajustar la fonética para idiomas no soportados como el quichua o el italiano, corregir octavas del tenor, resolver letras múltiples y casillas de repetición, escribir divisis correctamente y exportar el archivo en formato MusicXML listo para renderizar.

Los materiales escritos que acompañan las clases se elaboran con asistencia de inteligencia artificial. El contenido y el criterio pedagógico son míos. Cómo uso la IA