¿Por qué un coro con buenos cantantes, repertorio adecuado y una conducción musical competente puede tener dificultades para sostener su trabajo? Porque el resultado artístico también depende de vínculos, expectativas, liderazgos, modos de comunicación, conflictos y acuerdos que no aparecen escritos en la partitura. En Lo coral no son los coros, Ricardo Sidelnik estudia esa dimensión menos visible y ofrece herramientas para intervenir en ella con mayor conciencia.
El curso denomina “lo coral” al conjunto de dinámicas humanas y organizacionales que atraviesan una agrupación: su cultura de funcionamiento, sus estándares de calidad, los modos de relacionarse, las expectativas de quienes participan y las formas explícitas e implícitas de ejercer autoridad. Lo coral no es sinónimo de coro. Un coro es la organización que reúne a las personas para cantar; lo coral es el campo de fuerzas que influye en cómo esas personas realizan la tarea, se comprometen, toman decisiones y elaboran sus diferencias.
La propuesta parte de una distinción central: se dirigen coros, pero se gestionan colectivos. Seleccionar obras, planificar repertorio, organizar ensayos y conducir técnicamente la música son responsabilidades visibles. Al mismo tiempo, el director necesita observar posturas, silencios, subgrupos, liderazgos informales, malestares y conversaciones. La escucha activa es la disposición a comprender tanto lo que se dice como aquello que una intervención revela sobre necesidades, emociones o tensiones. Esa mirada permite reconocer situaciones disfuncionales antes de que interfieran de manera abierta en el proceso musical.
La primera clase aborda el liderazgo y compara diferentes estilos. El liderazgo coercitivo busca el cumplimiento inmediato mediante órdenes y sólo resulta aconsejable en circunstancias excepcionales. El orientativo moviliza hacia una visión clara; el afiliativo cuida las relaciones; el participativo incorpora la voz del grupo; el ejemplar fija estándares altos; y el formativo se concentra en desarrollar el talento de las personas. Ningún estilo sirve para toda situación. La flexibilidad consiste en elegir una forma de intervención según el momento, la tarea, la experiencia del conjunto y las necesidades de sus integrantes.
El liderazgo no se reduce al cargo formal del director. También pueden aparecer líderes informales reconocidos por el grupo, y su influencia forma parte de la realidad que debe gestionarse. Entre las herramientas propuestas se encuentran la inteligencia emocional, la empatía, la autoconfianza, la humildad para aprender, la integridad, el ejemplo, la persuasión, la retroalimentación, la visión de futuro y la capacidad de corregir sin humillar. El objetivo no es únicamente mantener un buen clima: el liderazgo debe ayudar al conjunto a cumplir su tarea artística y social con compromiso y criterios compartidos.
La segunda clase vincula liderazgo y motivación. La motivación es el proceso por el cual una necesidad insatisfecha genera energía orientada hacia un objetivo que podría satisfacerla. Sidelnik revisa los modelos situacional, transformacional, transaccional y resonante. El liderazgo situacional combina el grado de dirección sobre la tarea, el apoyo relacional y la experiencia del grupo. El transformacional moviliza hacia cambios y propósitos más amplios; el transaccional organiza intercambios y compromisos concretos; y el resonante procura encauzar el clima emocional en una dirección favorable para la misión del conjunto.
Para sostener la motivación se trabajan cuatro nociones: visión, visión compartida, misión y metas. La visión representa un futuro posible y deseado; la visión compartida conecta los deseos personales con el proyecto común; la misión responde por qué existe el coro; y las metas convierten esa orientación en compromisos alcanzables. También se explica el dominio personal como una disciplina continua de aprendizaje que relaciona las aspiraciones con una percepción clara de la realidad. Esa distancia produce una tensión creativa capaz de impulsar el desarrollo individual y colectivo.
La tercera clase se dedica a la resolución de conflictos. Un conflicto es un proceso social construido por partes interdependientes que perciben intereses u objetivos incompatibles. No es necesariamente una anomalía: puede revelar necesidades insatisfechas y abrir una oportunidad de aprendizaje y transformación. El curso distingue conflictos manifiestos y latentes, analiza posturas de dominación y asociación y propone preservar dos prioridades: el interés colectivo y la tarea grupal.
Las herramientas concretas incluyen preguntas abiertas y cerradas, parafraseo, reformulación, legitimación y expresión asertiva. Parafrasear permite verificar qué se comprendió; reformular transforma una acusación en un problema tratable; legitimar reconoce el valor del punto de vista ajeno sin exigir acuerdo; y expresarse con asertividad significa comunicar una necesidad con claridad, firmeza y cortesía. La negociación busca acuerdos de tipo ganar-ganar, en los que no haya vencedores y vencidos y se produzca un nuevo valor compartido. Cuando las partes no pueden alcanzar ese acuerdo por sí mismas, la mediación incorpora a un tercero que facilita el diálogo.
La cuarta clase diferencia un grupo de un equipo. Un grupo reúne personas interdependientes alrededor de determinados objetivos; un equipo coordina competencias, decisiones y esfuerzos para producir resultados comunes de alta calidad. Un coro puede existir formalmente sin funcionar todavía como equipo. Su desarrollo atraviesa etapas de formación, creación de subgrupos, conflicto y confrontación, establecimiento de normas, consolidación y desempeño. Conocer esas fases ayuda a no interpretar toda tensión como fracaso y a ofrecer la intervención que cada etapa requiere.
El pensamiento sistémico permite observar a la agrupación como una red de relaciones en la que una modificación repercute sobre el conjunto. Esta perspectiva evita atribuir cada dificultad a una sola persona y ayuda a examinar reglas, hábitos, circuitos de información y respuestas colectivas. El talento musical individual es necesario, pero sólo se vuelve potencia coral cuando existen cooperación, confianza, objetivos claros y responsabilidad compartida.
La quinta clase trabaja la comunicación. Comunicar es un proceso de intercambio en el que un emisor codifica un mensaje, un receptor lo interpreta y la retroalimentación permite comprobar qué fue comprendido. El curso advierte que el significado no viaja intacto: intervienen el lenguaje verbal, el cuerpo, el tono, el vínculo y el contexto. Por eso, dar una consigna no garantiza que haya sido entendida en el sentido esperado. Preguntar, escuchar la devolución y reformular son partes de una comunicación efectiva.
Lo coral no son los coros sirve para que directores, docentes y gestores reconozcan los factores humanos que condicionan un ensayo, un proyecto o una institución coral. Las herramientas del curso permiten anticipar tensiones, elegir un estilo de liderazgo, sostener la motivación, tramitar conflictos, fortalecer equipos y comunicar con mayor precisión. Su utilidad práctica es convertir problemas difusos en situaciones observables y abordables, siempre al servicio de la música, del cuidado de las personas y de una tarea colectiva sostenible.
Un líder es una antena de resonancias de los movimientos y dinámicas de un grupo y de esta manera puede anticiparse a las posibles cuestiones que interfieran en la realización de la tarea explicita.
De esta manera queda a la vista que nos manejamos en dos niveles de conducción: el de la tarea explicita musical y el de la tarea implícita que es la gestión grupal.
como dije más arriba, llamamos a este conjunto de cuestiones no explicitas, lo coral, y esta definición nos pone de cara a la pregunta sobre los modos y estilos de conducción y gestión de una agrupación
“Motivación es el proceso por el cual la necesidad insatisfecha de una persona genera energía y dirección hacia cierto objetivo, cuyo logro se supone habrá de satisfacer dicha necesidad”.
Los objetivos de los coreutas, los intereses y las expectativas del director nunca van a ser iguales, pero si se pueden hacer compatibles.
Los conflictos en las agrupaciones corales son inherentes a su dinámica funcional y más allá del malestar o incomodidad que acarrean sirven para transformar las cosas que no están funcionando.
Un CORO es una forma de organización particular de actividad, donde se busca en conjunto que aflore el talento colectivo y la energía musical de las personas.
Es evidente que el conocimiento de la dinámica de los grupos y equipos de trabajo, especialmente de su funcionamiento, tiene una gran importancia para los directores y gestionadores corales.
Estudiar los grupos que coexisten en cualquier organización para saber cómo organizarlos, utilizarlos y multiplicar sus resultados, es una estrategia consistente de desarrollo organizacional.
COMUNICACION… un malentendido exitoso…
Hoy vamos a ver las características y modos de los distintos estilos de comunicar, y comunicar-se y como gestionar las agrupaciones corales desde la distintas perspectivas comunicacionales