Las primaveras serán de Vivaldi, pero las flores son de Bach


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Hay una idea que circula entre coreutas y que rara vez se pone en palabras: la de que hacer música requiere un don especial. Lo curioso es que esos mismos coreutas estudian sus partes, ensayan semana tras semana y ponen horas de trabajo en cada obra, pero no relacionan ese esfuerzo con lo que están haciendo. Piensan que el don es del director, y que ellos apenas están al servicio de ese talento ajeno.

El músico que "estudia mucho"

Un chiste que suele circular por ahí lo resume bien: una señora felicita a un músico por su talento extraordinario, y él insiste, una y otra vez, en que lo suyo no es un don sino muchas horas de estudio diario. La señora no lo escucha: prefiere seguir hablando de talento innato. Esa misma escena se repite dentro de los coros, cuando se ensalza el "don" de cantar o dirigir sin ver el trabajo de fondo que lo sostiene.

Sin talento, pero con práctica

Hay una actividad, en cambio, para la que no se necesita ningún talento especial: escribir partituras con Musescore, un programa de notación musical gratuito. Requiere algo de práctica, pero resulta mucho más fácil y práctico que otras alternativas más viejas, como el Encore. Quien todavía use ese tipo de software puede aprovechar un curso de Musescore para hacer el cambio.

Distinguir entre el trabajo real que hay detrás de cada voz del coro y el mito del talento innato ayuda a valorar mejor el esfuerzo colectivo de ensayar y estudiar, y a elegir herramientas —como el software de notación— que faciliten esa tarea sin necesidad de ningún don especial.