Tu mayor miedo al bajar del escenario


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Después de cada concierto o encuentro coral, lo que más aparece no es miedo sino culpa. Los comentarios negativos, cuando llegan, casi nunca se dicen cara a cara: nadie se acerca al terminar una actuación para decir "cómo desafinó tu coro" o "qué timbre horrible tienen tus sopranos". Es más fácil dejarlos escritos, sin mirar a los ojos.

En YouTube apareció, hace un tiempo, un hater que duró apenas dos o tres comentarios: "la verdad es que no enseñás nada" o "lo único que te interesa es vender arreglos". Después desapareció. El comentario más reciente fue distinto —y en cierto modo, más inofensivo—: apenas un "me aburro" con un emoji de resignación. La respuesta fue diplomática: agradecer el comentario y recomendarle otros canales más entretenidos.

El miedo real

El miedo de fondo no tiene que ver con estos comentarios sueltos, sino con la posibilidad de que un maestro señale que los conceptos o la técnica que se enseñan tienen falencias. Ese sí sería un hater de verdad: uno que conoce el oficio y puede fundamentar la crítica.

Ese tipo de miedos y culpas conviven en cualquier director que se anime a exponerse en redes o a dar clases. Son temas de los que los directores casi nunca hablan entre ellos.

El episodio #143 de Dirección Coral Online repasa el pecado mortal número 4 dentro de una temporada dedicada a los siete pecados capitales de la dirección coral: “Menos es más”

Reconocer la diferencia entre culpa y miedo ayuda a quien dirige un coro a poner los comentarios negativos en su lugar: separar la crítica vacía de la que realmente puede mejorar la técnica y la enseñanza.

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