Antes de la llegada de las computadoras, preparar el material de un coro era un trabajo manual y repetitivo. Gus Espada cuenta que hace 20 o 30 años los directores recibían las partituras "en el estado en que llegaban": a veces copias claras, a veces manuscritos donde ni siquiera se entendían bien las notas o el texto. Cuando la partitura estaba en mal estado, la única solución era transcribirla a mano en una hoja pentagramada. Además, para que los cantantes pudieran estudiar entre un ensayo y otro, había que grabar cada una de las voces en un cassette: cada integrante llevaba el suyo al ensayo, el director se los llevaba a su casa y grababa uno por uno.
Los programas de edición de partituras cambiaron esa dinámica. Permiten escribir una partitura de buena calidad, exportarla en PDF para enviarla por correo o WhatsApp (mucha gente ya ni la imprime, la lee desde el teléfono o la tablet) y, sobre todo, convertirla en archivo de audio para que los coreutas estudien su parte sin que el director tenga que cantarla y grabarla voz por voz.
Patricio Quinteros es profesor de música, fue alumno de dirección coral de Gus Espada y canta desde hace 12 años en el coro UTN Córdoba, donde fue jefe de cuerda y hoy es asistente de dirección. Además de dirigir, enseña Sibelius a sus alumnos de secundario, lo que lo llevó a preparar el Curso “Edición de partituras y archivos de audio en Sibelius” curso de edición de partituras y archivos de audio en Sibelius para el sitio de dirección coral.
Patricio Quinteros describe la estructura de las cuatro clases:
En la primera clase se configura la página: se determina el instrumento, el compás, la armadura de clave y las nociones básicas para empezar a escribir. En la segunda se agrega el texto —la letra de cada voz—, las indicaciones de dinámica y expresión, y se define el diseño final: espaciado entre sistemas y cantidad de pentagramas por sistema. En la tercera se hace un trabajo más fino de terminación: cambiar fuentes y tamaños de texto, modificar el tamaño de figuras y silencios, invertir plicas o cambiar cabezas de nota. También se ven las opciones de guardado y exportación a PDF, disponible de forma nativa desde Sibelius 7; en versiones anteriores, Patricio explica cómo lograrlo con programas que funcionan como impresora virtual.
La cuarta clase se dedica a la reproducción y exportación de audio: cómo escuchar una voz sola o varias juntas, cómo asignarle a cada voz un timbre distinto —por ejemplo, piano a tres voces y clarinete a la otra— para que quien estudia pueda distinguir su parte dentro de la armonía sin perderse. Ahí se explican las dos formas de exportar el resultado: en formato MIDI y en MP3, tanto de cada voz individual como de las cuatro voces juntas, para que los cantantes tengan el material de estudio armado.
Patricio Quinteros señala que Sibelius es un programa intuitivo, con una interfaz que "se deja aprender fácil": con conocimientos musicales básicos se puede empezar a usarlo sin dificultad. Gus Espada agrega que en su propio coro hay integrantes que preparan sus audios de estudio con Sibelius sin necesariamente leer música con fluidez.
En sus clases de secundario, Patricio Quinteros trabaja con sus alumnos en la sala de computación o con netbooks, cubriendo lo más básico: configuración de página y escritura. Como no da clases en una escuela con orientación musical, no llega a contenidos avanzados, pero sus alumnos —muchos de los cuales no tocan instrumentos ni leen partituras— logran escuchar lo que escriben y, con consignas simples, armar melodías propias.
Para un director de coro, contar con partituras editadas y con audios de estudio por voz resuelve un problema práctico de siempre: que cada cantante pueda repasar su parte en su casa sin depender de que el director grabe y reparta el material a mano.
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