Tres etapas que organizan la vocalización


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Antes de pensar en llegar a los agudos o de exigir potencia, conviene preguntarse: ¿en qué orden conviene trabajar una vocalización? Hay tres etapas que resultan imprescindibles en cualquier coro, más allá de la preparación corporal o los ejercicios de respiración que puedan sumarse antes.

Primero: activar el aparato fonador

El aparato fonador es el conjunto de músculos, huesos y cartílagos que intervienen en la producción de la voz. Los primeros ejercicios cantados de la vocalización tienen que ser tranquilos, con boca cerrada o con la lengua contra el paladar, y con la mandíbula bien relajada.

Después conviene activar labios y lengua con ejercicios de vibración (por ejemplo con "b" larga, combinada con "r" o "l", y con vocales poco tensionantes como la o o la u). Esto despierta y sensibiliza la musculatura y los huesos que van a trabajar más adelante, entre ellos los de la mandíbula, los senos paranasales y los cartílagos de la nariz y la cara: son los resonadores, las estructuras donde el sonido vibra y se amplifica.

Es útil pedirle a cada cantante que note esas vibraciones en su propio cuerpo. Si al principio no las percibe, puede tocarse con la punta de los dedos los pómulos, la frente, el esternón o el cráneo, o trabajar en parejas para sentir las vibraciones en el compañero. Todo este primer momento se hace en el registro central de la tesitura (el rango de notas que cada voz canta con comodidad), con volumen natural, sin buscar ni fortísimo ni pianísimo. Todavía no es momento de estirar el rango hacia agudo o grave.

Segundo: la calidad del sonido

Una vez activado el aparato fonador, el objetivo pasa a ser lograr un sonido limpio, con espacio, buenos armónicos y bien proyectado. Esto se consigue conservando la relajación, trabajando siempre en el registro central y coordinando bien la respiración con el aparato fonador.

Aunque parezca obvio, al chequear cantante por cantante —o al menos por grupos, si el coro es numeroso— suele descubrirse que no todos logran esa coordinación, aun cuando en el trabajo grupal parezca que sí. Por eso conviene resistir la tentación de apurar los agudos o el volumen antes de consolidar esta base: si se lo hace demasiado pronto, los cantantes terminan usando más fuerza muscular que respiración.

Tercero: ampliar la tesitura

Recién después de asentar el sonido en el registro medio conviene explorar los extremos agudos y graves. Entrar en la zona aguda implica siempre una exigencia física y emocional fuerte para cualquier cantante, así que hay que llevar al coro hacia allí de a poco, cuidando que no se pierda la calidad lograda en el centro y pidiendo a cada cantante que registre si está pasando de la relajación a la tensión sin darse cuenta.

Los graves no se "desarrollan" del mismo modo que los agudos, pero sí puede mejorarse la calidad y la forma en que cada voz llega a ellos.

Qué sigue después

Estas tres etapas —activación, calidad de sonido y ampliación de la tesitura— pueden combinarse con otros aspectos técnicos como la flexibilidad, la agilidad, la dicción y la articulación, siempre con el empaste y el equilibrio del grupo como objetivo final. Y todavía queda, dentro de la misma vocalización, el trabajo específico sobre las dificultades técnicas del repertorio que el coro esté preparando.

Ordenar la vocalización en estos tres momentos ayuda a que cada ensayo tenga una progresión clara y a detectar más fácilmente si los cantantes están logrando lo que se les pide, en lugar de darlo por hecho solo porque el grupo "suena bien" en conjunto. Compartir experiencias o dudas sobre cómo aplicar esto en un coro propio se puede hacer a través de gusespada.com/contacto.