Las mejores tácticas para que tu coro mejore su afinación


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Cuando un pasaje no sale afinado, la reacción más común es pedirle al coro que lo repita una y otra vez. Es también la menos efectiva. Repetir sin cambiar nada rara vez resuelve un problema de afinación: si algo mejora en esos ensayos largos y pesados, suele ser por pura casualidad.

Parte del problema es que los directores tendemos a obsesionarnos con la afinación y a olvidar que, en una primera etapa de lectura, es normal que el coro desafine más de lo habitual: está concentrado en aprender notas, ritmo y texto. No todo problema de afinación hay que corregirlo en el momento; muchos se pueden dejar para trabajar más adelante con las herramientas adecuadas.

La afinación del coro es responsabilidad del director. Compartida con los cantantes, sí, pero no depende únicamente de su atención o su talento individual. Cuando el director no tiene recursos concretos para trabajarla, el coro se acostumbra a asumir que "no puede", sin cuestionar si el problema es realmente suyo.

La prueba de voces como primer filtro

Si el objetivo es minimizar el trabajo posterior de afinación, conviene ser exigente desde la prueba de voces. Algunos recursos para evaluarla ahí:

Ejercicios de repetición melódica con intervalos complejos (semitonos, cuartas aumentadas, intervalos mayores a una quinta), cantados o tocados en el piano para que la persona los repita. Ejercicios de reconocimiento armónico, tocando acordes cada vez más complejos y pidiendo que cante una nota que esté dentro de ese acorde. También sirve tocar o cantar un fragmento del repertorio del coro correspondiente al registro de quien se está probando, para ver cuánto le costaría aprenderse una parte que el resto del grupo ya domina. Un nivel más exigente es pedirle que se aprenda ese fragmento y hacerlo cantar junto a uno o dos integrantes del coro sobre la misma partitura: eso revela no solo si aprendió la parte, sino su seguridad auditiva para no perderse entre las otras voces.

Cuando la institución pide no ser tan exigente para sumar a más gente, igual conviene tener una idea precisa del nivel de cada cantante: pedirle que cante una canción es una de las mejores formas de evaluarlo. También ayuda variar las escalas de vocalización —no solo mayores, también menores y pentatónicas— y hacer ejercicios rítmicos de repetición, que dan pistas sobre el manejo auditivo de la persona.

La prueba de voces funciona además como un contrato: quien la aprueba acepta el compromiso de asistir a ensayos y actuaciones, y el director asume el compromiso de aceptar a cada cantante con sus virtudes y defectos de ahí en más.

Técnicas de ensayo para trabajar la afinación

Una vez armado el coro, hay varios recursos de técnica de ensayo que ayudan a mejorar la afinación:

Vocalización con desarrollo auditivo y armónico. Sin perder de vista que el objetivo principal de la vocalización es el desarrollo vocal, se le pueden sumar ejercicios de afinación al unísono y vocalizaciones polifónicas con dificultades armónicas similares a las del repertorio. Si el coro no se acostumbra a afinar en la vocalización, difícilmente lo haga después en la obra.

Dividir para triunfar. Trabajar con grupos reducidos —dos o tres cuerdas juntas, o una sola cuerda en un ensayo extra— permite escuchar mejor y detectar problemas puntuales. Incluso en ensayos con todo el coro conviene, ante cualquier problema, parar y escuchar de a uno o de a pocos dentro de una misma cuerda para identificar si hay responsables concretos. Esto vuelve conscientes a los cantantes de sus fortalezas y debilidades y, bien encarado, aumenta su compromiso.

Hacer zoom en la partitura. Pasar la obra de principio a fin cada vez que aparece un problema es perder el tiempo. Conviene aislar el compás problemático, identificar la cuerda y, si es posible, los cantantes específicos, trabajarlo hasta resolverlo y recién entonces ir agregando compases antes y después hasta reconstruir el pasaje completo. El repaso de principio a fin queda para el final del ensayo.

Diagnosticar la causa del problema

Un problema de afinación puede originarse en el tempo, el ritmo, la tesitura, la armonía, la textura o el texto. Identificar cuál de estos factores lo está causando permite elegir la herramienta correcta:

Si es el tempo o el ritmo, conviene trabajar solo las notas —como una melodía sin ritmo— y después ir acelerando gradualmente hasta el tempo original, aunque lleve varios ensayos. Si es la tesitura, hay que transportar el pasaje a una tonalidad más cómoda para la cuerda afectada y regresar de a poco, por semitonos, a la tonalidad original. Si son ciertas disonancias, conviene sacar las voces que las generan e ir reincorporándolas de a una. El mismo criterio aplica a la textura: quitar las cuerdas que la enredan y reconstruir paso a paso. Y si el problema viene del texto o la fonética, además de trabajar primero con vocales o sílabas neutras, sirve incorporar esas dificultades de idioma o velocidad de dicción directamente en la vocalización, incluso ensayos o meses antes de llevar la obra que las requiere.

El criterio general es siempre el mismo: identificar el parámetro y la cuerda que originan el problema, quitar ese parámetro y todo lo que pueda estar molestando, lograr la afinación deseada y recién entonces volver a armar todo de a poco. Analizar la partitura antes del ensayo, anticipando qué dificultades de afinación puede presentar, ayuda a llegar con hipótesis ya pensadas sobre dónde pueden surgir los problemas.

Estas tácticas sirven para dejar de ver la afinación como un problema de atención de los cantantes y empezar a tratarla como lo que es: un trabajo técnico que depende, en buena medida, de las herramientas que el director elige usar en cada ensayo. Para consultas o para compartir experiencias con estas técnicas, el contacto está en gusespada.com/contacto.