Entre la hora en que arranca el ensayo y el momento en que efectivamente se empieza a vocalizar suelen perderse varios minutos: los integrantes llegan de a uno, de a dos, y no queda claro si conviene esperar a que esté todo el grupo, a que haya dos tercios, o empezar directamente con los primeros que llegaron.
Empezar con solo uno o dos cantantes trae un problema: el resto termina sintiendo que se perdió algo poco importante, y si de todos modos cantan igual en el ensayo, la vocalización pierde peso. Además, los más puntuales suelen adoptar un rol de "inspectores" que reprochan a quienes llegan tarde, y eso genera un clima de fricción que no ayuda a trabajar. Ni los reglamentos de inasistencia ni las medidas estrictas —como cerrar la puerta apenas empieza el ensayo— dan buenos resultados.
Las dos estrategias comparten una base: encontrar una actividad tan atractiva para el coro que nadie quiera perdérsela.
Consiste en elegir una melodía fácil de aprender, pegadiza y con efecto aglutinador para cantarla en unísono al arrancar el ensayo. Quien llega a horario ya está cantando, no charlando ni esperando; eso vuelve muy motivador el inicio. Encontrar la canción que "hace click" con el grupo puede llevar varios ensayos de prueba y error.
Una vez instalada esa canción como ritual de apertura, se puede usar como base para el trabajo técnico: tomar fragmentos melódicos, cambiarles el texto o las sílabas, modificar la tonalidad, armar un arreglo a varias voces, o combinarla con ejercicios de relajación y respiración. De ahí se puede ir integrando el resto del ensayo de manera orgánica, sin cortar abruptamente para "sentarse con la carpeta", manteniendo la musicalidad del momento.
La segunda estrategia consiste en arrancar el ensayo con juegos de coordinación o concentración, que funcionan tanto con pocos integrantes como con muchos. La consigna es que quien llega tarde se incorpore de inmediato a la actividad, sin interrumpir para preguntar qué se está haciendo. Esta técnica se usa mucho en teatro, donde la participación puntual de todo el grupo también es clave.
Además de resolver la puntualidad, los juegos dejan al coro con un estado de concentración y disponibilidad distinto para el resto del ensayo. También sirven para trabajar dificultades melódicas, rítmicas o vocales sin que se vivan como un sufrimiento, porque se resuelven jugando y poniendo en juego el cuerpo, no solo la voz y el intelecto.
Cualquiera de las dos estrategias logra que los primeros diez minutos del ensayo —los que normalmente se pierden— se conviertan en tiempo productivo, y que quien llegó a horario sienta que el ensayo ya arrancó y que se está trabajando.
Junto con estas ideas circuló también un PDF gratuito con 120 ejercicios de vocalización, pensado no para usarse tal cual están escritos, sino como punto de partida: combinaciones melódicas y rítmicas que cada director puede adaptar cambiando sílabas, tonalidades o fonemas según las dificultades vocales del coro, incluso para preparar obras en otros idiomas.
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