Un coro desmotivado —con inasistencias, llegadas tarde o un clima aburrido durante el ensayo— casi siempre se soluciona con algo muy concreto: que el ensayo tenga una buena dinámica. Si el coro siente que aprovecha el tiempo, es muy difícil que se desmotive o le genere indiferencia el trabajo del director.
Es común escuchar dirigir a un alumno de dirección y notar que, aunque escucha bien, no sabe qué elegir para trabajar. Si el coro canta con mala fonética pero además las sopranos están cantando notas equivocadas, corregir la fonética no resuelve nada: el pasaje va a seguir sonando mal.
El criterio es simple: las notas y los ritmos correctos son más importantes que la afinación, y la afinación es más importante que una calidad de sonido moderada. Los problemas de dinámica, fraseo o expresión pueden esperar a un momento posterior del ensayo, o a otro ensayo, si hay problemas más graves sin resolver. Siempre hay excepciones y maneras holísticas de trabajar varias cosas a la vez si el coro está preparado, pero la regla general es empezar por lo más grave.
Para entrenar esta jerarquización sirve un ejercicio simple: grabar en audio una o dos obras al comienzo del ensayo, sin pensar en nada mientras se grava. Después, en casa, escuchar por fragmentos y anotar todo lo que se escucha, sin filtrar por importancia. Luego revisar esa lista y reordenarla por prioridad. Eso da, en definitiva, un plan de ensayo: es exactamente lo que hace un director mientras dirige, escucha y decide qué trabajar en los minutos siguientes. Con la práctica, la toma de decisiones se agiliza y el ensayo se vuelve más eficaz.
Mientras se dirige, el gesto busca expresividad, interpretación y precisión, y el director se concentra internamente en eso. Al mismo tiempo, con el oído, hay que estar atento a lo que el coro envía desde afuera para corregir lo necesario. Son dos actitudes opuestas —una interna de control, otra externa de alerta— y una tiende a anular a la otra, por lo que hay que entrenarlas para poder sostenerlas en simultáneo.
Durante el ensayo conviene evitar todo lo que después no se puede hacer en el escenario: chistar al coro, marcar con las manos o los pies, cantar o hablar en voz alta. Hay que sacarse esos vicios y manejarse solo con el gesto. Si se logra corregir con la mirada y el gesto mientras el coro canta, se evita cortar, explicar, volver a dar notas y entradas, y reponer ese "trance interpretativo" que se busca. Eso ahorra mucho tiempo y hace el ensayo mucho más ágil, porque los cantantes van al coro a cantar y a escucharse a ellos mismos, no a escuchar al director.
Para entrenar esta separación de atención sirve un ejercicio mecánico de técnica gestual —por ejemplo, marcar compases de distintos tiempos— combinado con la lectura en voz alta y con expresividad de un texto en simultáneo. Si se logra dar intención a lo que se lee mientras se marca el compás, se está entrenando la misma capacidad de concentrarse en dos cosas diferentes al mismo tiempo.
Cuando el coro percibe que algunos problemas del ensayo los genera el director y no ellos, el ensayo se viene abajo: el grupo se aburre, el sonido empeora, empieza a desafinar y todo sale sin intención. Hay maneras obvias de generar este tipo de problemas: no tener estudiadas las entradas y dudar en un pasaje complicado, o cometer errores al cantar un ejemplo vocal, lo que puede hacer que algunos cantantes aprendan mal esa nota para siempre. Está bien reconocer un error y pedir disculpas, pero no se puede estar todo el ensayo disculpándose.
Hay también maneras menos obvias, como llegar al ensayo con una actitud problemática hacia la obra o el repertorio ("esta obra es difícil, vamos a ver hasta dónde llegamos"). Esa actitud le transmite al coro que no va a poder resolver las cosas, aun cuando el problema lo esté generando el propio director. La actitud recomendada es la opuesta: si el director resuelve su trabajo y ayuda al coro, el coro va a poder resolver el suyo.
Además de estos tres criterios, conviene proponerse hacer música al menos una vez por ensayo —mejor dos—. El coro no tiene que olvidar que viene a cantar, y el ensayo no es solo para resolver dificultades técnicas: también tiene que ser un momento artístico, tan disfrutable como un concierto. Esto exige trabajo previo, como pensar vocalizaciones creativas que no se sientan como ejercicios, y planificar al menos un par de momentos donde el coro cante libremente, sin correcciones ni miradas críticas, simplemente para expresarse y disfrutar de cantar.
Aplicar estos tres criterios y el consejo final ayuda a que cualquier grupo llegue motivado al ensayo, sea puntual y no falte, porque sabe que ahí se pierde algo importante si no está presente.
Sobre este tema hay 4 cursos online: cursos de Técnica de ensayo.
Más sobre Técnica de ensayo: