Un suscriptor escribió con angustia: se había ofrecido a dirigir un coro en su pueblo, solo había estudiado canto poco más de un año y no sabía cómo clasificar las voces de un grupo amateur para saber quiénes eran sopranos, contraltos, tenores o bajos. Se presentaba como "músico intuitivo", como si esa etiqueta fuera una excusa o un pretexto para justificar sus dudas.
Un tipo se había quedado sin las cuatro tuercas de una rueda del auto, varado en medio del desierto. Pasó un colectivo lleno de internos de un manicomio, y uno de ellos le gritó por la ventana que le sacara una tuerca a cada una de las otras tres ruedas y las pusiera en la que estaba pelada: así iba a poder llegar a la ciudad. El tipo, sorprendido, le preguntó cómo razonaba tan bien si estaba en el manicomio. La respuesta: "pasa que soy loco, pero no soy idiota".
Cualquier loco de manicomio, con un poco de talento o con un título, puede dirigir un coro. El talento, la intuición o el título no son tan importantes como la actitud. La actitud y la constancia son las que dan la seguridad para pararse frente al coro, la tranquilidad de estar haciendo un trabajo honesto y la posibilidad de mirar al público a la cara sabiendo que se hizo lo mejor posible para que el coro esté listo detrás.
Al suscriptor se le recomendaron dos cursos: Preparación Vocal para coros I y Técnica vocal para el trabajo en el coro, disponibles en gusespada.com/cursos.
El auto aguanta bastante bien con tres tuercas en cada rueda. Después llega el momento de comprar las cuatro que faltan, y si son antirrobo, mejor.
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