Cómo adaptar un arreglo coral para voces iguales a voces mixtas


Creación de coros
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Adaptar un arreglo escrito para voces iguales a voces mixtas no es simplemente agregarle un pentagrama nuevo: hay que revisar la armonía completa y decidir qué voz original va a cumplir la función de bajo.

El ejemplo de trabajo es "Señora Chichera", una canción ecuatoriana arreglada originalmente para dos sopranos y contralto (SSA). El objetivo es convertirlo en un arreglo para soprano, contralto y barítono (SCT).

Preparar la partitura

Antes de tocar la armonía conviene ajustar dos cosas en el editor: pasar a vista panorámica, aunque el arreglo sea corto, y cambiar el sonido de coro sintetizado por piano. El piano da mayor precisión rítmica y una afinación de referencia más clara para trabajar los acordes.

Después se agrega el pentagrama del barítono (con el mismo timbre de piano y el mismo volumen que las otras voces) y se deja pendiente la eliminación de la segunda soprano, que todavía conserva música escrita.

Elegir qué voz pasa a ser el bajo

El primer paso analítico es mirar la armonía completa del arreglo. En este caso la progresión es: sol mayor, el quinto grado de mi menor (B7), mi menor otra vez, se repite el mismo movimiento, y termina en mi menor (la tónica) con su quinto grado.

Para decidir qué línea de las tres voces iguales conviene convertir en bajo, hay que ver cuál contiene más fundamentales de los acordes (la nota que da nombre al acorde, por ejemplo el sol en un acorde de sol mayor). En este arreglo, la segunda soprano es la que tiene más fundamentales: canta el sol del acorde de sol mayor y el mi del acorde de mi menor. Por eso esa línea se corta, se pega en el pentagrama del bajo y se le baja la octava.

La contralto, en cambio, se puede dejar prácticamente igual: no se cruza con la nueva soprano ni con el nuevo bajo, porque este bajó de octava.

Resolver los acordes en inversión y las disonancias

En el acorde de quinto grado (B7) aparece un problema: si el bajo canta el si, el acorde de mi menor final queda en segunda inversión (con el quinto grado en el bajo en lugar de la tónica), algo que no siempre suena bien. La alternativa es que el bajo cante el mi, la tónica real, aunque eso deja el acorde final con solo dos notas en vez de tres.

Ante esa disyuntiva, se prioriza la nota fundamental en el bajo aunque se pierda una nota del acorde, antes que mantener la tríada completa con el quinto grado en el bajo. La contralto puede resolver ese lugar cantando el si o el sol; se elige el sol porque el acorde sin la tercera (solo con la quinta) suena más amable, mientras que con la tercera resulta demasiado duro para el carácter general del arreglo.

Sobre el final aparecen tres opciones válidas para la voz del bajo en el acorde de quinto grado: sostener el si, mantener el fa (la nota más cercana al acorde siguiente, herencia del arreglo original para voces femeninas) o usar el si solo en la última nota para marcar el salto de cuarta y reforzar la sensación de cadencia (el final de la frase musical). Ninguna es incorrecta: la elección depende del carácter que se busque en ese pasaje.

Este tipo de decisiones —qué voz se convierte en bajo, cómo tratar las inversiones, cuándo priorizar la fundamental sobre la tríada completa— es el criterio central para cualquier adaptación de voces iguales a mixtas, más allá de la partitura puntual que se esté trabajando.

Dudas o comentarios sobre este tipo de adaptaciones se pueden enviar a través de gusespada.com/contacto.