¿El director de coro tiene que ser cantante? ¿Se puede dirigir un coro sin saber nada de técnica vocal? La respuesta probablemente esté entre esos dos extremos: no hace falta ser cantante profesional, pero tampoco alcanza con ignorar por completo cómo funciona la voz.
Ser cantante profesional y ser director de coro a tiempo completo son profesiones muy absorbentes, cada una con su propia especialización. Por eso suele ser difícil dedicarse a las dos al mismo tiempo con la misma intensidad. Sin embargo, son profesiones complementarias: hay cantantes que dirigen (el caso de Plácido Domingo, que además de tenor lírico ha llevado una carrera como director de orquesta, es el más conocido) y directores que también cantan. Los conocimientos de ambas disciplinas se cruzan, sobre todo en un terreno específico: la preparación vocal del coro.
Ventajas: domina la técnica vocal, la ha vivido en carne propia, puede detectar rápido los problemas técnicos de una partitura y las necesidades de cada cuerda, tiene buena imagen auditiva del sonido que debería tener el coro y, algo fundamental en un coro vocacional (el que funciona por imitación y memorización), puede dar un buen ejemplo cantado.
Desventajas: está formado para dar clases individuales, no siempre grupales, así que no todos resuelven bien la dinámica de trabajar con muchas personas a la vez en poco tiempo. Además, por la naturaleza de su oficio, suele estar más enfocado en el sonido individual que en el sonido coral, lo que puede generar problemas de balance y empaste entre las cuerdas. Y la afinación —que para el director es una obsesión permanente porque las desafinaciones de la vocalización se trasladan al resto del ensayo— para el profesor de canto suele ser un ítem que queda detrás de otros, como la calidad de la emisión o el desarrollo de una tesitura pareja.
Cuando el preparador vocal tiene resuelta la dinámica grupal, los resultados a mediano y largo plazo suelen ser muy buenos, aunque al principio el sonido se desprolija un poco (se desafina, se desbalancea) mientras el coro se adapta al nuevo trabajo técnico.
Ventajas: se elimina la tensión entre sonido individual y sonido coral, y el director suele tener más claro qué tipo de sonido busca y cuánto puede exigirle al coro en materia de afinación a corto, mediano y largo plazo. Además, como es quien tomó la prueba de voz a cada integrante, conoce más rápido las posibilidades de cada cantante que un preparador externo que recién llega al grupo.
Desventajas: si el director no tiene formación técnica sólida ni experiencia propia como cantante, corre el riesgo de vocalizar "a la montonera", sin diferenciar por cuerdas ni chequear individualmente, como si diera una clase individual a todo el grupo junto. Y si no puede dar un buen ejemplo cantado, ni tiene una imagen auditiva clara de lo que sería un buen sonido coral, es difícil que el coro progrese: de ahí surgen tantos coros con sonido apretado o engolado, producto de buscar el agudo o el volumen a cualquier precio.
Conviene estudiar canto, aunque sea de manera informal: tomar algunas clases, preparar un repertorio sencillo para cantar como solista alguna vez. Si no es posible un estudio regular, sirve ir de oyente a clases individuales de canto ajenas, o a las vocalizaciones de otros coros cuyo sonido guste, pidiendo permiso para observar el trabajo. También ayuda buscar cursos específicos de preparación vocal para coros, y recurrir a manuales y videos disponibles en internet, con criterio para distinguir el material de calidad del que no lo es.
Antes de elegir, conviene entrevistar a los candidatos: preguntarles cómo trabajan la vocalización en grupo, cómo chequean el progreso individual dentro del trabajo colectivo, qué idea tienen del sonido coral y qué piensan sobre la afinación. Es importante evaluar si esa persona está abierta a trabajar en conjunto con el director y a incorporar su idea de sonido.
Un último punto clave: el director tiene que estar presente en las vocalizaciones, sea quien las dé. Solo así hay continuidad entre lo que se trabaja al vocalizar y lo que se pide después en el resto del ensayo con las obras. Sin esa presencia, la vocalización y el trabajo del repertorio se convierten en compartimientos estancos, con distinto vocabulario técnico y distinta idea de sonido, y lo aprendido en la vocalización nunca llega a aplicarse en las obras.
Entender estas ventajas y desventajas, tanto si el director vocaliza como si delega esa tarea, permite tomar decisiones más conscientes sobre la preparación vocal del coro y evitar que ese trabajo quede desconectado del resto del ensayo.
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