¿Por qué un coro puede estar afinado y sin embargo no sonar empastado? Porque el empaste, la afinación y el balance son los tres pilares del sonido coral, y funcionan de manera interdependiente: uno afecta a los otros dos.
Sin una buena afinación es imposible evitar que los timbres individuales se destaquen, y eso afecta al empaste. Una cuerda que se sale de balance —demasiado fuerte o demasiado piano— puede provocar problemas de afinación, ya sea por cuestiones técnicas (falta de apoyo genera un piano excesivo, demasiada tensión genera un forte excesivo) o por cuestiones armónicas, cuando suenan más fuerte o más suave las notas menos convenientes de un pasaje.
De igual manera, buscar empaste sacrificando una emisión relajada afecta el balance en los momentos donde cada cuerda necesita esa relajación, por ejemplo para lograr un fortissimo: cuando llega, las cuerdas cómodas lo cantan y las que no, no. Muchas veces se exige tanta tensión vocal para empastar que el coro queda encerrado en el rango ppp-mp, y ahí el problema deja de ser de sonido y pasa a ser de lo expresivo.
Por eso es tan difícil lograr un buen empaste en los extremos de la dinámica (fff-ppp): cualquiera de los tres vectores cruje ahí, porque cantar fortissimo es tan difícil como cantar pianissimo. Y, para ser justos, la afinación y el balance influyen más en el empaste que éste en los otros dos.
Afinación, balance y empaste funcionan a nivel general (las cuatro cuerdas juntas), a nivel intermedio (cada cuerda por separado) y a nivel individual (cada integrante). Esto tiene consecuencias prácticas: el coro va a tener las mismas debilidades que su cantante más débil, no hay escapatoria posible. Es algo para tener en cuenta en la prueba de voces, porque una vez que un cantante ingresó al coro, el director tiene que hacerse cargo de sus fortalezas y de sus debilidades.
Conviene reducir el campo de acción: pasar de trabajar con las cuatro cuerdas juntas a trabajar, en algunos ensayos o momentos del ensayo, con cada cuerda por separado y también con cada integrante. Es complicado de implementar, pero no imposible. También conviene conocer lo antes posible las características vocales de cada integrante y qué puntos hay que reforzar en cada uno: agudos, caudal, apoyo, relajación, apertura de la boca.
Cuanto mejor sea el trabajo de vocalización, mejores resultados va a dar el sonido del coro. No se trata solo de un calentamiento previo: la vocalización tiene múltiples opciones de implementación, y con una buena planificación se pueden fijar objetivos concretos y lograrlos en veinte minutos por ensayo a lo largo de un año.
1. Decidir qué tipo de sonido se quiere para el coro: lírico, natural y liviano, oscuro, claro, tenso o relajado. Es la decisión fundamental, la primera de todas.
2. Diseñar estrategias de técnica vocal y pensar ejercicios concretos de vocalización que sean congruentes con ese objetivo sonoro.
3. Buscar constantemente que el coro, además de cantar, se escuche a sí mismo. Sin esa escucha —de cada cantante hacia sí y hacia el resto— es muy difícil lograr afinación y balance. Por eso muchos directores prefieren cantar con las cuerdas mezcladas, aunque esa disposición por sí sola no tiene mucho efecto sin una actitud consciente de escucha en cada cantante.
4. Analizar el repertorio desde el punto de vista de las dificultades técnicas —vocales, armónicas, rítmicas— e ir de lo más fácil a lo más difícil al empezar a trabajar el sonido.
5. Cuidado con la dinámica: al principio conviene buscar el empaste en el rango mp-mf. Los extremos son los más difíciles de lograr porque exigen un dominio técnico mayor. Primero hay que dar a los cantantes las herramientas técnicas, y recién después pedirles que las apliquen.
6. Lo mismo con agudos y graves: cada extremo requiere herramientas distintas según las posibilidades de cada cantante. Conviene empezar con un repertorio no demasiado exigente en la tesitura de cada cuerda.
7. Evitar los atajos: se puede lograr un empaste rápido y fácil haciendo que el coro cante "contenido" y "apretado", pero eso deja al coro sin poder salir del pp-p-mp. También se pueden lograr ff-fff empastados rápido si el coro engola, empuja con el diafragma y hace fuerza con los músculos del cuello, pero a costa de la vida vocal de los cantantes.
Dentro de cada cuerda, conviene elegir al cantante o los cantantes que naturalmente tienen un sonido parecido al sonido ideal buscado: son los que más se tienen que escuchar dentro de esa cuerda. Lo mismo con la afinación: dentro de cada cuerda, el más afinado debería sonar más fuerte y el menos afinado, más suave. Por eso es tan importante que cada integrante del coro sea capaz de escucharse a sí mismo y al resto.
Estas siete estrategias, más el trabajo de ecualización, le dan al director un camino concreto para trabajar el empaste sin perder de vista que la afinación y el balance son la base de la que depende, en gran medida, ese sonido conjunto tan buscado.
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