¿Qué pasa cuando falta un integrante en un coro de pocas voces? Se nota. Mucho más que en un coro grande.
Pedro canta en un coro de pocos integrantes y comparte su cuerda con otro bajo. Es un coreuta responsable: organiza su vida familiar y laboral para no faltar a ensayos ni conciertos. Pero tiene dos hijas pequeñas, y a veces sus responsabilidades como padre chocan con el horario de ensayo o de concierto. Cuando eso pasa, se ausenta, y le pesa: sabe que en un coro tan chico, cada ausencia individual tiene más peso relativo que en un coro numeroso.
La regla es simple: cuantos menos integrantes tiene un coro, mayor es la responsabilidad de cada uno. Si los bajos fueran cuatro o cinco en lugar de dos, la ausencia de Pedro se notaría menos. Él lo sabe, y aun así elige quedarse en ese coro chico por el trabajo que se hace, por los compañeros y por el repertorio que cantan.
Desde el lugar de quien dirige, definir el tamaño y el tipo de coro que se quiere tener es una decisión fundamental, no un resultado casual. Hay varias variables para pensar:
Si el coro va a ser grande o pequeño. Si va a ser estable o con rotación de integrantes. Si se quiere un coro chico, de esos que organizan una gira con tres autos, o un coro grande, capaz de sostener un conjunto instrumental y encarar repertorio con acompañamiento.
Cada opción trae consigo un nivel distinto de exposición individual para cada coreuta, y eso afecta directamente cómo se gestionan las ausencias, las suplencias y la presión sobre cada cuerda.
Sobre los distintos tipos de coro que existen —grupo vocal, coro de cámara, coro polifónico— y cómo esa elección impacta en la gestión, trata el episodio #137: Grupo vocal- de cámara- Polifónico- Cuántos tipos de coros hay?