Robert Shaw decía que él era un fanático del ritmo porque sus coreutas no lo eran. Ese criterio le funcionaba a Shaw, pero aplicado a cualquier parámetro no siempre da resultados positivos.
En el tempo, por ejemplo: si el coro se frena, hacer gestos cada vez más grandes no soluciona nada. Lo único que se logra es que el coro se frene todavía más.
Con la dinámica pasa algo parecido: si el coro no canta lo suficientemente fuerte, mover los brazos como las paletas de un helicóptero no ayuda. Lo único que se consigue es terminar agotado.
Al pasar de bebé a niño se suele aprender a caminar con andador. Cuando se lo quitan, el chico se lleva todo puesto, porque había incorporado el andador a su esquema corporal y espacial. Por eso ya no se recomienda usarlo con los niños que están aprendiendo a caminar.
Algo similar puede pasarle a un coro: si se acostumbra a que cada nota, cada ritmo y cada matiz requieran del director un movimiento de brazos, un gesto de cara, un salto y una flexión de rodilla, todo al mismo tiempo, el resultado es hacer cada vez más cosas para lograr del coro cada vez menos cosas.
Ese mecanismo es lo que se conoce como sobreconducción u over conducting: gestualizar de más hasta que el coro deja de responder por sí mismo y pasa a depender enteramente del movimiento del director.
Cómo evitar caer en esa trampa, y cómo empezar el camino de regreso si ya se cayó en ella, se desarrolla en el video.
Distinguir cuándo un gesto comunica algo al coro y cuándo es solo ansiedad del director convertida en movimiento sirve para dirigir con menos esfuerzo y más resultado.
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