Antes de sumar herramientas nuevas conviene recordar las seis básicas de técnica de ensayo —entendida como los criterios y recursos que permiten aprovechar al máximo el poco tiempo semanal con el coro—: estudiar la partitura antes de ir al ensayo, planificar qué se quiere lograr en cada encuentro, explicar siempre por qué se corta cuando el coro está cantando, hablar únicamente cuando sea necesario, chequear que la segunda vez se cante realmente distinto y ser capaz de admitir los propios errores. Las seis básicas se desarrollaron con ejemplos en el episodio 127. La entrada del episodio con estas seis nuevas:
Otras 6 herramientas básicas de Técnica de ensayo
A esas seis se pueden sumar otras seis igual de prácticas.
Hay dos frases típicas que generan un problema antes de que exista. La primera es "veamos hasta dónde llegamos hoy": no está mal darle la entrada al coro y ver qué pasa, pero si algo no sale la responsabilidad es del director, no del coro. Si un mismo problema se repite ensayo tras ensayo, conviene llegar con herramientas concretas para resolverlo —un calderón en el compás donde hay un movimiento armónico complicado, un ejercicio de vocalización para un agudo, un trabajo a varias voces para una disonancia—. Así el coro siente que se le entrega una solución y que la responsabilidad de aplicarla es suya. La segunda frase a evitar es "esta obra es muy difícil, pero espero que podamos hacerla". Si una obra estanca tanto al coro, probablemente esté mal elegida: María del Carmen Aguilar sostiene que si una pieza necesita más de dos ensayos para armarse, no fue bien seleccionada. Aun así, tener en el repertorio algo difícil puede hacer crecer al coro, siempre que se lo encare de manera estimulante y se le explique al grupo por qué se trabaja esa obra y qué tipo de crecimiento se espera.
Quien empieza a dirigir suele escuchar todo al mismo tiempo, sin distinguir lo importante de lo superfluo: pide una fonética o una entrada pareja cuando el coro está leyendo a primera vista y hay problemas mucho más urgentes. La clave es jerarquizar: qué se trabaja ahora, qué dentro de un rato, qué en el próximo ensayo y qué recién dentro de un mes. Ante una lectura nueva, lo prioritario son las notas, los ritmos y los problemas graves de afinación; la expresión, las coloraturas y los detalles del texto pueden esperar.
Decir "si no cantan esto un poco más amplio, nunca va a salir bien" no sirve: no queda claro qué es "más amplio" ni a quién convence una frase tan poco estimulante. La claridad tiene que ver con el qué —con estas notas pasa tal cosa, este pasaje necesita tal expresión—. La precisión es el dónde —en el compás 23, legato; de la frase del compás 40 al 46, extremadamente dulce—. Y lo estimulante es plantear las cosas en positivo: en vez de "no hagan tal cosa", "por favor, pueden hacer tal otra". Se pide lo mismo, pero de manera mucho más motivadora. Vale la pena proponerse directamente eliminar la palabra "no" durante un ensayo entero y pedirle al coro que avise cada vez que se le escapa: resulta muy útil y bastante divertido.
Mientras se dirige hay que ser inspirador con el gesto —la actitud corporal, la cara, los brazos— pero implacable con el oído, corrigiendo todo el tiempo internamente. El riesgo es que una función cancele a la otra: si el cuerpo transmite que todo suena hermoso, el oído tiende a relajarse y a escuchar lo mismo. Hay que evitar que el gesto refleje las dudas o tensiones que genera lo que se escucha: la postura y la expresión facial deben ayudar al coro a cantar relajado y enfocado, mientras por dentro se sigue escuchando con atención crítica para definir qué pedir a continuación.
El ensayo es una experiencia estética, no un taller mecánico: los cantantes van al coro porque disfrutan cantar. Cuando se trabajan detalles técnicos con mucha intensidad, hay que equilibrar y dejar en algún momento que el coro simplemente cante y disfrute, avisando algo como "ahora vamos a cantar, salga como salga, sin que yo corte". El coro suele responder muy bien a esta consigna y esforzarse al máximo. Sobre esto se conversó con Hernando Varela en el episodio 128 del podcast.
Hace falta desarrollar un sexto sentido para saber hasta cuándo insistir con un problema, una sección o una obra, y en qué momento conviene dejarla, cambiar de tema o terminar el ensayo. Insistir de más puede fijar justamente lo que no gusta: la memoria muscular del cantante es traicionera. A veces conviene confiar en el coro, en sus cualidades, dejar que las cosas maduren y retomarlas en el encuentro siguiente.
Tener estas doce herramientas —las seis de base más estas seis— ayuda a que cada minuto de ensayo se use con un criterio claro, sin generar tensión innecesaria y sabiendo cuándo insistir y cuándo dar un paso al costado.
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