¿Qué hacer si hay que dar una entrada al coro y todavía no se domina la independencia de brazos, es decir, la capacidad de mover cada mano con un gesto distinto y simultáneo —una marcando el compás mientras la otra da entradas, dinámicas o articulaciones—? Sin esa independencia, aunque se muevan las dos manos a la vez, es como si se dirigiera con una sola. En ese caso hay que cambiar el diseño del esquema habitual del compás según en qué tiempo entra el coro.
Antes de ver los esquemas conviene recordar qué es el levare: el gesto de preparación, el impulso que se hace un tiempo antes de la entrada para anticipar el ataque. Ese gesto suele ser el más grande del compás cuando se está por dar una entrada.
Si la entrada es en el primer tiempo, el esquema no varía: se marca la clásica forma de T invertida (3, 4, 1) y el levare cae naturalmente en el cuarto tiempo.
Si la entrada es en el segundo tiempo, como no queda bien dar una entrada hacia adentro, el levare (que normalmente ocupa el lugar del tiempo uno) se hace como si fuera el cuarto tiempo, y el tiempo dos se marca en el lugar donde iría el uno. Después el tres y el cuatro siguen normalmente.
Si la entrada es en el tercer tiempo no hay problema: alcanza con agrandar el segundo tiempo (que va hacia adentro) y marcar el tercero siguiendo el diseño habitual.
Si la entrada es en el cuarto tiempo vuelve a complicarse, porque no se puede dar una entrada hacia arriba. Hay que acomodar el tercer tiempo como si fuera el cuarto, y el cuarto como si fuera un primer tiempo; luego se continúa con el primero en su lugar, el segundo y el tercero como corresponde.
Las mismas consideraciones se aplican en los compases ternarios. Si la entrada es en el primer tiempo, el esquema queda igual: se toma aire en el tercer tiempo y se entra en el primero.
Si la entrada es en el tiempo dos, hay que agrandar el primer tiempo y entrar con el dos en el lugar que le corresponde.
Si la entrada es en el tiempo tres, hay que agrandar el segundo tiempo (que ocupa el lugar del uno) y el tres también se marca en el lugar del uno, quedando los tres tiempos marcados siempre en el mismo lugar.
Acá el diseño solo se modifica para la entrada en el segundo tiempo. Para la entrada en el primer tiempo, se hace el levare como gesto grande en el lugar del dos y se entra en el uno, sin cambios respecto al esquema habitual.
Para la entrada en el segundo tiempo, como no queda bien un levare hacia afuera, el gesto grande del primer tiempo se marca hacia arriba, como si fuera un dos. Y la entrada, que es el tiempo dos, se marca como si fuera un uno. Quedan entonces dos gestos en el mismo lugar: uno grande y uno pequeño.
La clave de la técnica gestual está en automatizar estos movimientos para que, al ensayar o dirigir en una actuación, no haya que pensar en el gesto sino concentrarse en la música. El ejercicio propuesto es simple: en compás de cuatro tiempos, dar cuatro entradas seguidas, una en cada uno de los cuatro tiempos, aplicando los ajustes de esquema descriptos arriba.
Antes de practicar conviene revisar la postura completa: los pies, las rodillas, la cintura, la columna, la espalda, los hombros, el cuello, la cabeza y por último la posición y relajación de los brazos.
No hace falta practicar muchas horas por día, pero sí es necesario hacerlo todos los días —un par de minutos alcanza— hasta que el gesto quede internalizado y el movimiento se vuelva automático.
Dominar estos ajustes permite dar entradas claras y precisas usando solo el brazo dominante, algo imprescindible mientras se desarrolla la independencia de brazos que después simplifica todo este trabajo.
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