Tips para hacer arreglos corales fáciles- #1


Tips
img

¿Cómo se arma un acompañamiento coral sin que se vuelva complicado de escribir o de cantar? Una solución práctica es crear un motivo corto —una pequeña célula melódica o rítmica— y repetirlo a lo largo de la sección, siempre respetando el cifrado armónico: la notación que indica qué acorde corresponde a cada momento de la pieza (por ejemplo, Do mayor, Re menor, etc.). El motivo tiene que construirse sobre las notas de ese acorde, para que suene coherente con la armonía general del arreglo.

Conviene que ese motivo se mueva por grados conjuntos, es decir, que pase de una nota a la siguiente más cercana en la escala, sin saltos grandes. Esto lo hace mucho más fácil de aprender y de recordar para quienes cantan, porque el oído sigue naturalmente ese tipo de movimiento. También hay que cuidar la tesitura: el rango de notas que le resulta cómodo a cada voz. Un motivo que no sea ni demasiado agudo ni demasiado grave se puede cantar con comodidad y sin forzar, lo cual es clave si se va a repetir muchas veces durante la pieza.

Una vez escrito el motivo, hay que revisarlo con atención antes de darlo por terminado. Primero, que no haya cruzamiento de voces: eso pasa cuando una voz que debería estar más arriba en la textura (por ejemplo, la soprano) termina cantando una nota más grave que otra voz que debería estar por debajo (como la contralto). Los cruces pueden generar confusión auditiva y dificultar el trabajo de cada sección. Segundo, hay que chequear que no aparezcan disonancias no deseadas: combinaciones de notas que generan tensión sonora y que, si no fueron buscadas a propósito, suenan como un error más que como un color armónico interesante.

Este procedimiento le sirve a quien dirige o arregla para construir acompañamientos efectivos sin necesitar herramientas complejas: alcanza con un motivo simple, bien pensado en relación al cifrado, la tesitura y el movimiento por grados conjuntos, revisado para evitar cruces y disonancias incómodas.