¿Por qué hay arreglos corales escritos a mano? Porque en 1994, cuando se hizo este, todavía no existían programas de escritura musical como Finale o Sibelius: la única forma de anotar una partitura era con lápiz y papel.
Gus Espada, director de coro, guarda ese arreglo original y lo comparte tal como fue escrito en su momento. Años después, al transcribirlo a Sibelius para pasarlo a formato digital, se dio cuenta de que la partitura manuscrita tenía errores. No los señala de antemano: deja que cada persona los descubra por su cuenta, comparando el manuscrito original con la versión corregida en PDF.
Ese ejercicio de comparación —entre la versión a mano y la revisión digital— sirve como práctica de lectura de partituras: ayuda a entrenar el ojo para detectar inconsistencias armónicas o rítmicas que a simple vista pasan desapercibidas.
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