Las palabras no son el factor más importante en la comunicación entre el director y su coro. Ese es el punto central del tercer pecado capital de dirección coral según William Folger, en su texto "The 7 deadly sins of Choral Conducting": la falta de contacto visual.
Robert Shaw decía que sus coros pensaban que él era un fanático del ritmo, y él mismo reconocía que eso era cierto porque ellos no lo eran. Shaw explicaba que un arte musical que lidia con el lenguaje necesita prestar especial atención a la relación entre el ritmo musical y el ritmo hablado.
En México, el proyecto "Intraducibles" reunió hasta ahora 68 palabras de 33 lenguas de pueblos originarios que no tienen traducción al castellano y que solo pueden entenderse describiéndolas. El proyecto incluye un libro y una exposición gráfica, y parte de una frase de Wittgenstein: "Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo". Busca ampliar las fronteras del mundo que traza el lenguaje, trabajando en una primera etapa con niños y adolescentes desde un enfoque multidisciplinario.
Un director cuya cabeza está enterrada en la partitura genera inseguridad en el conjunto, falta de interés, entradas descuidadas e interpretaciones mecánicas. Mirar constantemente la partitura también puede complicar la gestión del ensayo. Como mínimo, dice Folger, los ojos del director deben preceder y acompañar todas las preparaciones y liberaciones: los levares de entrada y los de corte.
Folger lo resume así: "Es más probable que los grupos miren al director si el director los está mirando a ellos cara a cara, ojo con ojo". Los ojos son la parte más expresiva del cuerpo y lideran la comunicación entre el director y el conjunto. Un contacto visual mínimo revela inseguridad y falta de conocimiento de la partitura, mientras que memorizar toda la obra o al menos algunas secciones permite mantener ese contacto de forma constante.
Esto conecta con el primer pecado capital, la falta de preparación, que a su vez influye en el segundo: los múltiples gestos preparatorios. Ese tema fue el eje del episodio anterior, Inseguridades y desconfianzas.
El contacto visual no se limita al momento del levare: precede, acompaña y se mantiene con las secciones después de las entradas. Hay que mirar a la cuerda antes de hacerle el levare, mientras se lo da y en el momento de la entrada, y después seguir mirándola un rato: no hay que dejar de mirar apenas se da la entrada.
Al principio, los ojos funcionan como una advertencia amigable para quienes se preparan para entrar, especialmente si esa voz estuvo en silencio durante varios compases. Folger lo compara con los percusionistas o arpistas de una orquesta: en el coro, cuando una cuerda lleva un buen rato sin cantar, conviene mirarla antes de darle el levare. Como dice Folger, "una mirada acogedora con suficiente antelación siempre va a ser bienvenida".
Una vez que la sección o el solista entran, el director se mantiene con ellos para darles seguridad y ayudarlos a dar forma a la frase. Es importante también mirar hacia las filas de atrás de cada cuerda —por ejemplo, en un coro de más de 40 integrantes con dos filas por voz— para generar la sensación de que todos los cantantes son igual de importantes. Folger sugiere además buscar primero la mirada de quienes sistemáticamente evitan mirar al director.
Otro punto es contrarrestar la tendencia natural a mirar siempre hacia el lado dominante, diestro o zurdo, escaneando el conjunto completo de manera uniforme y frecuente. Esto ayuda a sostener la atención de todo el grupo. Los cambios de tempo difíciles —accelerandi, rallentandi, calderones—, los cambios dinámicos importantes y los pasajes técnicamente complejos merecen una atención específica con los ojos. Y cuando varias secciones entran juntas o el conjunto canta en tutti, conviene enfocar la mirada en la parte que lleva la línea musical más importante en ese momento.
Con grupos jóvenes o con adultos muy inexpertos hay que enseñar explícitamente cuándo y cómo mirar al director, y también a observarse y escucharse entre sí, para desarrollar lo que Folger llama una "inteligencia orgánica": la capacidad colectiva de tocar y percibir la música como una sola entidad.
El medio más efectivo para lograr contacto visual del conjunto es que el propio director modele esa virtud desde el primer ensayo: "ojos arriba", partitura levantada, postura erguida, mirada al director. Si el coro se acostumbra a trabajar así desde el principio, el problema de contacto visual no aparece.
Parte de este material puede verse en Aprende a usar el contacto visual para dirigir. Quienes quieran colaborar con el podcast pueden invitar un café en https://cafecito.app/gusespada, y si falta algún enlace mencionado se puede avisar en gusespada.com/contacto.