Un director puede tener talento y aun así hacer que su coro suene mal. Cuando un ensayo se limita a marcar el pulso de forma rígida —lo que en Córdoba se llama dirigir "cuadrado"— y la lectura de la obra se reduce a un solfeo mecánico, el coro va grabando esa primera imagen sonora aburrida y después cuesta muchísimo revertirla. El responsable de ese sonido nunca es el coro: es quien dirige.
En "The 7 deadly sins of Choral Conducting", Folger describe este quinto pecado así: la dirección poco musical, originada por el uso continuo de patrones de espejo o metronómicos, hace que el conjunto pierda interés durante los ensayos y da como resultado interpretaciones poco inspiradoras. Dirigir "en espejo" es reflejar mecánicamente el pulso sin ninguna variación ni fraseo; dirigir metronómicamente es lo mismo aplicado al tempo. Folger plantea que la expectativa artística tiene que empezar desde el primer ensayo, presentando la claridad del pulso siempre dentro del contexto de la forma de las frases musicales.
La recomendación concreta de Folger es enseñar o descubrir, como grupo, al menos una o dos frases musicales o expresivas en cada ensayo desde el principio. Eso genera interés inmediato en la obra y eleva el nivel artístico de la interpretación final. Introducir los elementos artísticos de la partitura desde temprano compromete más a los cantantes y optimiza el tiempo de ensayo. Esto no contradice el trabajo técnico necesario: hay fragmentos que requieren repetirse, trabajarse más lento o transportarse una octava para resolver tesituras difíciles. El desafío es que, incluso mientras se hace ese trabajo de armado, el ensayo siga siendo musicalmente interesante para el coro y para quien dirige.
Folger insiste en modelar tempranamente la expresión con los ojos, el rostro, las manos y los brazos, porque eso mejora la transmisión de la interpretación al conjunto. Aunque el coro esté aprendiendo de forma cuadrada, quien dirige no tiene por qué serlo: las progresiones armónicas, el contorno melódico, la textura y los patrones rítmicos de la partitura guían los gestos expresivos, ayudando a dibujar la música con el cuerpo. El gesto tiene que representar la dirección de cada frase y cómo el coro entra y sale de cada pensamiento musical.
Folger sostiene que un pulso regular y seguro no es incompatible con el fraseo expresivo: se puede ser metronómicamente correcto y expresivo a la vez. Pero agrega un matiz importante: aunque el patrón de dirección sea claro, la precisión rítmica puede no lograrse a menos que cada cantante sea responsable de su propio pulso. Por eso sugiere, en ocasiones, ensayar sin dirigir, dejando que el coro se haga cargo del pulso mientras quien dirige se concentra por completo en escuchar y observar.
Para trabajar esa internalización y esa responsabilidad personal, Folger propone formar un círculo, cerrar los ojos y comenzar un fragmento escuchando la respiración compartida, sin que nadie dé la entrada. También recomienda que los cantantes dirijan mientras cantan sus propias partes, para afianzar figuras rítmicas difíciles. Sobre el tempo, señala que hay que prestarle atención inteligente al metrónomo, no sumisión servil. Y cita a Green y Gibson, quienes recuerdan que hay que dirigir la partitura, no el grupo: la claridad de intención importa tanto como la claridad de pulso.
Folger cuenta que observó al coro de Saint Olaf, bajo la dirección de Anton Armstrong, interpretar un motete de Johann Sebastian Bach tomados de las manos: un grupo de individuos trabajando como una unidad para sentir juntos el pulso y el fraseo. El motete "bailaba", generando una interpretación impresionante. Cada integrante era responsable del pulso y estaba atento a la expresión colectiva. No depender del director para el pulso aumenta la capacidad de escucha del grupo y mejora el proceso colaborativo de hacer música.
Episodio #143, "Menos es más":
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Este análisis de los siete pecados capitales de la dirección coral según Folger está pensado para quien dirige coros vocacionales y quiere revisar sus propios hábitos de ensayo antes de buscar explicaciones en el nivel del coro: la musicalidad se construye desde la primera lectura, no se agrega al final.
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