Cuentos Corales- César Ferreyra- “La metáfora viva”


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La partitura no alcanza. Ese es el punto de partida de esta reflexión de César Ferreyra, incluida en la serie "Cuentos Corales": explicar la interpretación musical solo a partir de la notación es una limitación, dice, porque deja afuera la naturaleza, las otras artes y la vida misma que están detrás de cada frase cantada.

Incluso la música académica, señala, tuvo que recurrir históricamente a términos figurativos —como "cromatismo"— para poder explicar fenómenos sonoros que las notas por sí solas no bastaban para describir. Las indicaciones que los compositores escriben arriba de la partitura para orientar la interpretación tampoco alcanzan a captarla en su totalidad.

La metáfora como herramienta de ensayo

Para Ferreyra, quien dirige un coro y ensaya una obra necesita abundar en metáforas que preparen al cantor de manera sensible, para que pueda abordar con la imaginación —y sobre todo con la intuición— algo tan impreciso y cambiante como el sonido. Y agrega algo central: no hay metáfora más precisa que el propio texto de la canción que se está cantando.

El color de una rosa, el galope de un caballo, el rumor del mar, el salto sobre una zanja, el color de unos ojos, el sollozo de un niño, el olor del pasto, la calidad de una mano: todas estas imágenes, dice, ayudan a preparar "la mirada hacia adentro" y permiten sumergirse en el magma de los sonidos para poseerlos a través de referencias metafóricas.

Algunas figuras concretas

El texto propone varias imágenes puntuales para usar en el ensayo:

El galope es fluido, el trote es rígido y duro. Hay que olvidarse de que se tiene maxilar inferior al cantar. Sonreír mientras se canta impide endurecer la cara. La isocronía —cantar todo con el mismo valor rítmico y la misma intensidad— es sinónimo de monotonía. No hay que sobreactuar la música: se canta con humildad. La interpretación verdadera es calidoscópica, impensada, inesperada, nunca repetida, siempre nueva. Una pieza puede sonar "como dentro de la neblina". Y, en ciertos pasajes, hay que centrar la voz.

Son recursos de lenguaje pensados para el momento del ensayo: en lugar de pedir un matiz técnico abstracto, ofrecer una imagen concreta que el cantor pueda sentir e imaginar, y que oriente el sonido del coro hacia algo vivo antes que hacia una instrucción mecánica.