¿Por qué a veces el coro no entiende lo que el director le pide con los brazos, o el público ve unos gestos y escucha una música distinta? El objetivo de la técnica gestual es interpretar música con el coro a través de un conjunto de movimientos eficientes del cuerpo. No se limita a brazos y manos: involucra también el tronco, la cabeza y sobre todo la cara.
Un conjunto de movimientos es eficiente cuando permite lograr varias cosas con la menor cantidad de gestos posible. Si para pedir un forte hace falta mover los dos brazos, pararse en puntas de pie y abrir grandes los ojos y la boca, no queda ningún gesto disponible para pedir además una articulación o un matiz expresivo. En cambio, si el forte se consigue solo con el brazo izquierdo, el brazo derecho, la cara y el torso quedan libres para pedir otra cosa al mismo tiempo.
Antes de mover los brazos hay que tener una buena postura de base: pies separados a la altura de los hombros, plantas bien apoyadas y relajadas, dedos de los pies sueltos, tobillos y rodillas sin bloquear, cintura suelta y centrada, columna como eje vertical y cuello siguiendo esa línea. Espalda derecha y relajada, hombros sueltos —sin caer hacia adelante— y cabeza al centro, mirando al frente.
Sobre esa base se ubica la postura inicial de los brazos: relajados, paralelos al piso y paralelos entre sí, con las manos relajadas y en línea con el brazo, ni caídas ni tensionadas hacia arriba.
El siguiente pilar es el conjunto de diseños para marcar los diferentes compases. Deben estar automatizados: si el director tiene que pensar hacia dónde mover el brazo, no puede prestar atención a lo que canta el coro. Hay cuatro diseños básicos: el óvalo para compases de un tiempo, el bastón para los de dos tiempos, el ángulo para los de tres tiempos y la T invertida para los de cuatro tiempos.
La prueba de que un diseño está bien automatizado es poder marcarlo mientras se lee un texto en voz alta o se conversa con otra persona, sin perder el compás.
El levare es el tiempo anterior a una entrada o a un corte: el aviso que recibe el coro para empezar o dejar de cantar. Además de marcar el momento exacto, debe transmitir la dinámica, la articulación y la intención expresiva con la que hay que cantar o cortar. Puede ser también un movimiento de cabeza, una mirada o un giro del cuerpo hacia la cuerda que va a entrar.
Para que funcione, el gesto del levare tiene que ser distinto de los gestos que se venían haciendo antes. Si los movimientos ya eran grandes, un levare del mismo tamaño no se nota; si eran pequeños, hace falta agrandarlo para que el coro lo perciba como una señal. Un error frecuente es anunciar la entrada varios tiempos antes «por las dudas»: en vez de ayudar, esos avisos repetidos —levares del levare— terminan confundiendo al coro.
Poder mover un brazo independientemente del otro multiplica los recursos disponibles. Si los dos brazos están condenados a marcar siempre el mismo compás juntos, no queda margen para pedir una entrada, un matiz o dirigirse a una cuerda en particular. Técnica de Dirección: Independencia de brazos
La independencia permite usar el brazo dominante —sea diestro o zurdo el director— para llevar el pulso, y reservar el brazo no dominante para la expresión, la musicalidad, las entradas y los cortes. Técnica de Dirección: brazo dominante Técnica de Dirección Coral: entradas con el brazo dominante
Técnicamente deben darse siempre con un gesto de arriba hacia abajo: nunca una entrada ascendente ni un corte con el brazo subiendo. Se puede sumar algún movimiento adicional de la mano —círculos, un giro de dedos— para reforzar el corte, pero lo importante es que el brazo se detenga exactamente en el tiempo en que el coro debe dejar de cantar. Técnica de Dirección: Entradas y cortes
Para la dinámica, el criterio es simple: cuanto más fuerte tiene que cantar el coro, más grande el gesto; cuanto más piano, más pequeño. Una regla clave es que el crescendo empieza piano y el diminuendo empieza fuerte: si el gesto de un crescendo arranca ya grande, lo que se consigue es un forte súbito, no un crescendo; y si el gesto de un diminuendo se achica de golpe, el resultado es un piano súbito, no un diminuendo gradual.
Para la articulación, cuanto más estacato, el gesto debe ser más vertical y seco; cuanto más legato, más horizontal y continuo.
Esto es apenas un repaso de los ejes principales: quedan afuera los distintos tipos de entrada (téticas, atéticas, anacrúsicas), las entradas simultáneas y en diferentes tiempos, y el uso detallado de las manos para levares, entradas, cortes, dinámica y articulación. Todo eso se desarrolla en el Curso de Técnica de Dirección Coral I.
Ya viene la segunda clase del Curso de Sibelius, dedicada a darle el aspecto final a la partitura: cómo introducir textos y letras, los distintos tipos de indicaciones, el diseño y la organización de pentagramas, compases y sistemas, y la optimización de los espacios en la página.
Trabajar estos elementos —postura, diseños, levare, independencia de brazos, entradas y cortes, dinámica y articulación— sirve para que el director pueda concentrarse en lo que pasa en el ensayo en lugar de estar pendiente de cómo mover el brazo, y para que el coro reciba del gesto toda la información que necesita para cantar.
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