¿Por qué un director de coro necesita estudiar comunicación y liderazgo? Porque dirigir un grupo vocal implica algo más que técnica musical: hay que comunicarse con los cantantes, con la institución que sostiene al coro, con otros directores al organizar un encuentro, o con equipos completos de especialistas si se monta una ópera o un espectáculo multimedia. La mayoría de quienes dirigen coros aprende esto de manera intuitiva, sobre la marcha, sin apoyo en las disciplinas que sí estudian formalmente la comunicación y la gestión de grupos.
De ese problema surgió el curso Comunicación y Liderazgo, diseñado por Franco Fushimi, licenciado en Administración por la UNC, con experiencia en gestión de pequeñas y medianas empresas y formación en curso en coaching ontológico y psicología. Fushimi también tiene recorrido artístico como coreuta, actor de teatro, practicante de biodanza y alumno de talleres de locución, experiencia que atraviesa su forma de entender la comunicación.
Según Fushimi, la dificultad más común en la comunicación no es de contenido sino de coherencia: una persona puede tener clara una idea, pero su cuerpo o sus emociones transmiten otra cosa distinta. Esa disonancia es la que el público —o el coro— termina percibiendo, aunque no siempre pueda explicarla con palabras. Por eso, dice, en el ámbito artístico se busca justamente lo contrario: expresar desde lo orgánico y no solo desde lo mental.
Fushimi explica que el curso consta de cuatro clases:
La primera aborda la comunicación en general: qué pasa cuando el mensaje que se emite no coincide con el que el otro recibe, y cómo reducir esa distancia. Un ejemplo que menciona es la "asimetría de información", el fenómeno que ocurre cuando una persona con conocimiento técnico específico —un mecánico, un médico, o en este caso un director de coro— habla con alguien que no maneja ese mismo lenguaje, y termina generando una conversación a medias.
La segunda clase se centra en las emociones: cómo se transmiten desde un escenario y cómo las recibe el público, un aspecto que rara vez se estudia porque no es fácil de medir técnicamente, pero que forma parte central de la experiencia de quien escucha.
La tercera clase trabaja el liderazgo, entendido no como una característica fija de la persona sino como el rol que se ejerce cuando se toman decisiones que afectan a un grupo. Fushimi señala que el estudio académico tradicional del liderazgo suele presentar estilos rígidos, mientras que el enfoque del curso invita a pensar los estilos como "trajes" que se pueden poner y sacar según la situación, con el objetivo de convertirlos en herramientas de gestión concretas y no solo en conocimiento teórico.
La cuarta clase propone el diseño de conversaciones: tomar lo trabajado en comunicación, emociones y liderazgo para planificar intervenciones concretas —por ejemplo, cómo abrir el año de trabajo con un coro— definiendo con anticipación qué se quiere transmitir, cuál es el objetivo y qué decisiones tomar sobre qué decir y en qué momento, en lugar de dejar la comunicación librada a la intuición.
Fushimi identifica un tema que el curso no llega a cubrir: el cuerpo como canal de comunicación. Señala que las personas transmiten mensajes corporales todo el tiempo sin ser conscientes de ello, y que este aspecto suele quedar fuera de la formación tanto académica como artística. Para quienes dirigen coros, el punto resulta paradójico: usan un lenguaje corporal específico para dirigir la música, pero rara vez piensan ese mismo lenguaje como herramienta en los momentos en que no están haciendo música.
Pensar la comunicación con el coro como un proceso diseñado y no como algo librado a la intuición permite anticipar decisiones sobre qué transmitir, con qué estilo de liderazgo y con qué tono emocional, antes de que la situación ya esté ocurriendo frente al grupo.
Sobre este tema hay 3 cursos online: cursos de gestión y Coaching.
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