los directores y las palabras- con Virginia Arellano


Gestión del coro
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¿Cambia algo en un coro si el director deja de decir "tienen que hacerse cargo" y empieza a decir "gracias por sumar a la propuesta"? Para María Virginia Arellano, directora coral de Córdoba, sí: el vocabulario que usa quien dirige moldea el clima del grupo y hasta los resultados musicales.

Arellano es docente de música, dirigió un coro de niños durante 24 años y este año, ya jubilada del sistema escolar formal, puso en marcha un coro de voces femeninas que funciona en tres sedes de Córdoba: una en el centro, otra en la zona norte (Nagüello) y otra en zona sur (Villa Libertador). Cada sede ensaya por separado y una vez al mes se hace un ensayo general donde se junta todo el coro, que ya reúne alrededor de 40 voces.

El contacto entre Arellano y Gus Espada empezó con un correo en el que ella contaba que había cambiado su forma de hablarles a sus coreutas: eliminó frases como "tienen que" o "hacerse cargo de" porque, decía, cargan una connotación de peso, y las reemplazó por otras como "vamos con las buenas prácticas" o "gracias por aprender y sumar a nuestra propuesta". Según su relato, el resultado fue un entusiasmo mayor por aprender y perfeccionar cada detalle, algo que se traduce tanto en lo musical como en el vínculo del grupo.

Por qué "proyecto" quedó afuera

Arellano explica que la palabra "proyecto" se volvió cotidiana en sus 39 años dentro del sistema escolar: proyectos interdisciplinarios, proyecto de convivencia, y siempre la misma lógica de lanzar algo hacia adelante sin aterrizarlo. Un psiquiatra especialista en neurociencias, el doctor Gustavo Vega, le hizo notar que esa proyección constante hacia el futuro genera ansiedad, porque la escuela empuja a pensar en marzo lo que va a pasar en diciembre. Su consejo fue que las cosas dejaran de ser "proyecto" para convertirse en pequeñas realidades, dando pasos mínimos pero concretos.

Arellano aplicó esa idea antes de arrancar el coro de voces femeninas: cuando todavía no tenía tiempo para buscar sede ni convocar gente, empezó por pensar el nombre del grupo. Ese paso, dice, ya hizo "existir" al coro y le bajó la ansiedad. Curiosamente, cuando después convocó a las cantantes, muchas de ellas mencionaron que el nombre las había atraído.

Programación neurolingüística aplicada al ensayo

En marzo, Arellano empezó una formación en programación neurolingüística (PNL) por un motivo familiar, y ahí notó herramientas que podían trasladarse al trabajo coral. Una de las que usa es la "rueda sistémica" o "rueda de la vida": con todo el coro, define un estado deseado a futuro (por ejemplo, cómo quieren estar en diciembre), lo compara con el estado actual y, a partir de esa diferencia, el grupo mismo propone microacciones para acercar ambos puntos. La diferencia con el modelo anterior, dice, es que la directora deja de ser la única voz que señala qué está mal: todas las coreutas participan en encontrar la respuesta.

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Ese cambio de enfoque conserva palabras que, según Arellano, cargan menos tensión: en lugar de pedir que cada una "se haga cargo" de estudiar su parte en la casa, habla de "buenas prácticas" que ayudan al objetivo común. La idea de fondo, tomada también de la PNL, es que solo lo que a una persona le hace feliz resulta sostenible en el tiempo; lo que se hace por obligación termina siendo una carga.

Gus Espada menciona que en gusespada.com está disponible el Curso de Historia de los Grupos Vocales en Argentina, que en una de sus clases recorre la Corriente del Folk: grupos derivados de los tradicionalistas argentinos, algunos con una trayectoria muy extensa, como Los Chalchaleros, y otros de calidad musical destacada.

Resultados en un coro que arrancó de cero

Arellano cuenta que el 90% de las mujeres que se acercaron al coro llegó diciendo cosas como "me gusta cantar en la ducha, pero en mi casa no me animo". Casi ninguna tenía formación en lenguaje musical, y sin embargo hoy leen partituras, ubican compases sin sobresaltarse y el coro ya ensambla piezas a tres y hasta cuatro voces (soprano uno, soprano dos, mezzo y contralto). Dentro de cada cuerda empezaron a surgir liderazgos espontáneos entre las propias coreutas.

También describe el caso de una integrante que al llegar avisó que no cantaría si la ponían en un escenario, por pánico escénico. Trabajando en ubicarse al costado o detrás del grupo en las primeras presentaciones, esa misma persona terminó, en la última función, cantando y bailando en primera fila.

Arellano suma que lo relacional también se cuida de forma explícita: después del ensayo se quedan a tomar mate quince o veinte minutos, un espacio que considera tan valioso como el trabajo musical porque genera vínculos fuera de la tarea del ensayo.

Quien quiera contactar a María Virginia Arellano puede escribirle a mariavirginia.arellano@gmail.com.

Videos y presentaciones vinculados a este tema: https://www.youtube.com/watch?v=aO5byJFB1VU, https://www.youtube.com/watch?v=kPid4-yw6yU&t=11s, https://www.youtube.com/watch?v=TrF0Ruik6qE, https://www.youtube.com/watch?v=uX4CWDenVkM, https://www.youtube.com/watch?v=gDkLO-QxOn8, https://www.youtube.com/watch?v=-LE7sq9gc_c, https://www.youtube.com/watch?v=jZmQu_n8Wlg&t=53s, https://www.youtube.com/watch?v=5j-IBR4Eu6s, https://www.youtube.com/watch?v=1pfzgIZ0__s&t=219s. La página del coro puede encontrarse en https://www.facebook.com/ubuntucoral.corodevocesfemeninas.

Para quien dirige un coro, la experiencia de Arellano deja un procedimiento concreto: revisar qué palabras se repiten en el ensayo, reemplazar las que suenan a carga u obligación por otras que describan el mismo pedido en términos de práctica compartida, y usar herramientas simples —como comparar un estado actual con uno deseado— para que las mejoras salgan del grupo y no solo de una orden de la dirección.


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