Una adaptación es la reducción de un arreglo escrito para una formación de voces a otra distinta: por ejemplo, pasar un arreglo a cuatro voces mixtas SATB (soprano, contralto, tenor y bajo) a tres voces, a tres voces iguales o a dos. Es el recurso más rápido para conseguir partitura cuando el coro no tiene esa formación estándar, sobre todo porque los arreglos a cuatro voces mixtas son los que más circulan y los que la mayoría de los directores ya tiene guardados, cantados o incluso dirigidos alguna vez.
Gus empezó a dirigir a los 20 y pico, mientras estudiaba un profesorado de educación musical, porque en su ciudad no existía carrera de dirección coral. Desde el principio le tocaron coros distintos al SATB clásico: coros con sopranos y contraltos y muy pocos barítonos, un coro con un solo varón (lo que lo obligaba a cantar él mismo esa voz), coros de niños, coros juveniles y, durante mucho tiempo, coros sin sopranos donde había que juntar las pocas voces femeninas con muchos tenores y algunos bajos.
Siempre prefirió hacer arreglos antes que adaptaciones, y al principio hacía ambas cosas de manera intuitiva, "por cara dura". Empezó a adaptar cuando no tenía tiempo de sentarse a armar un arreglo nuevo. Reducir dos voces masculinas a una para pasar de cuatro voces mixtas a tres le resultaba relativamente fácil. El problema aparecía con las combinaciones raras: una voz femenina y dos o tres masculinas. Al revisar años después esas partituras, dan ganas de agarrarse la cabeza: bromea con que debería existir un virus, como los informáticos, pero que ataque solo esos papeles viejos.
Antes de sentarse a trabajar hay que revisar si el original tiene elementos que sirvan: que las tesituras le queden bien al coro, que las dificultades armónicas sean abordables, que el tratamiento de las disonancias no supere las posibilidades del grupo. Si las tesituras no ayudan, se puede transportar la tonalidad hacia arriba o hacia abajo. Pero si hay demasiadas cosas para cambiar, conviene no adaptar y en cambio escribir o encargar un arreglo nuevo, pensado desde cero para ese coro.
Decidido que vale la pena, la meta es que, si se superponen como dos radiografías, el arreglo original y la adaptación se vean casi iguales. Eso implica cambiar la menor cantidad de elementos posible: conservar tonalidad, movimiento armónico, texturas y la mayor cantidad de voces intactas. Si hace falta transportar, no hay problema mientras se mantengan las melodías y las texturas originales: la adaptación tiene que sonar parecida al arreglo de partida, no convertirse en una pieza distinta.
Para saber qué conservar y qué se puede sacrificar hay que estudiar la música (lo melódico, rítmico, armónico, contrapuntístico, las texturas, el tratamiento de las disonancias) y el texto (si es prosa o poesía, su estructura, la rima, los versos), y sobre todo encontrar las relaciones entre ambos. Recién con ese análisis hecho se puede determinar qué elementos le dan identidad al arreglo y cuáles son prescindibles.
Si se pasa de cuatro voces mixtas a tres voces femeninas, se sacan los pentagramas de tenor y bajo. Si se adapta a voces masculinas hay que decidir qué hacer con soprano y contralto, teniendo en cuenta que soprano y tenor, puestos en la misma octava, se superponen y se entrecruzan. En todos los casos hay que resolver qué voz va a cumplir la función de bajo: si se traslada directamente el bajo original o conviene construir una línea nueva.
En las adaptaciones a dos voces —casi siempre voces iguales, pensadas para coro de niños o coro juvenil— la armonía pasa a segundo plano: con solo dos líneas no se pueden armar acordes, apenas sugerir sonoridades mediante la conducción melódica de cada voz. Por eso ahí pesan más los elementos melódicos y contrapuntísticos, y tampoco tiene sentido que una de las dos voces cumpla función de bajo.
Conviene recordar además que textura no es lo mismo que tesitura: para conservar una textura, a veces hay que pasar una melodía de una voz masculina a su equivalente femenina, o al revés.
Tener claras las diferencias entre transcripción, arreglo y adaptación evita confundir un trabajo con otro. Pero el criterio final es simple: hay que revisar cómo suena la adaptación terminada. No sirve entregarle al coro una partitura con menos pentagramas solo para sacarse el compromiso de encima. Si el arreglo original gustaba, la adaptación tiene que gustar también, de modo que cuando el coro logre resolverla bien, ese material suene de la mejor manera posible.
Sobre todo este proceso, con ejercicios concretos de análisis y de reducción de voces, está el curso Adaptaciones de arreglos corales I.