¿Qué se hace cuando alguien golpea la puerta del coro y dice que quiere cantar? Macarena Gómez Delgado, profesora de canto, licenciada en artes musicales con orientación en canto y directora de tres coros en San José, Colón (Entre Ríos), propone no llamarlo "prueba de voces" sino "primer encuentro", y armar ese momento como si fuera una pequeña clase de canto.
Gómez Delgado empezó a cantar a los nueve años en los coros de niños de Ricardo Barrera, siguió en el coro del Colegio Nacional de Adrogué, estudió canto lírico en el Conservatorio Nacional de Música (hoy UNA) e integró durante cinco años el grupo vocal Las Voces Blancas. Hace diez años se instaló en Entre Ríos, donde además de dirigir coros trabaja en un proyecto de ley junto al senador Pablo Canali para que los programas de coros escolares de la provincia se conviertan en política de Estado.
Según Gómez Delgado, cuando alguien se acerca a un coro llega "por varios motivos", nunca por casualidad, y quiere aprender a cantar. Por eso sostiene que un director de coros necesita, además de conocimiento musical, buen feedback con las personas: saber generar empatía antes de pedir cualquier ejercicio. Gus Espada coincidió en que, de tan acostumbrados que están los directores a escuchar cantantes desconocidos, a veces olvidan lo expuesta que se siente una persona al mostrar su voz frente a extraños, algo que atraviesa a niños, jóvenes y adultos por igual.
Ella explicó paso a paso su método:
Primero, un momento de concientización corporal: aflojar la espalda, lograr una buena postura. Después, un calentamiento vocal —no un vocalizo de destreza— con dos notas por grado conjunto, para ubicar la tonalidad en la que la persona se siente cómoda. A partir de ahí sube y baja gradualmente: una vocalización de cinco notas, un laleo de tres notas usando consonante y vocal, y luego una vocalización con la vocal "i", que según Gómez Delgado es más amable que la "a" para reconocer la voz y conquistar agudos.
Si algún ejercicio no funciona, propone cambiar sin dramatizar, porque "las bocas de la gente no son todas iguales" y una rutina que le sirve a una persona puede no servirle a otra. Sigue con un arpegio de quinta con "ru" y, recién al final, pide que la persona cante una canción cualquiera a capella, sin darle la tonalidad en el piano, para descubrir el registro real sin condicionarlo.
Gómez Delgado insiste en que la asignación de cuerda —soprano, contralto, tenor, bajo— es una hipótesis provisoria, no una etiqueta fija. Cuenta que ha visto sopranos que después de la menopausia se convierten en muy buenas contraltos, adolescentes en muda de voz a quienes hace aprender tanto la parte de tenor como la de bajo, y jóvenes que en la prueba cantan mucho más agudo o con mejor afinación de la que mostraron en los vocalizos iniciales. Por eso recomienda escuchar siempre al coreuta, sobre todo cuando dice sentirse incómodo en su cuerda, y hacer ajustes con el tiempo.
Gómez Delgado relató que a los nueve años, en la prueba de Ricardo Barrera para el coro de niños de su colegio, no fue seleccionada y volvió a su casa llorando. Gracias a una segunda oportunidad y a un consejo de otra profesora —aprender a "inflar la panza" al cantar—, logró entrar la semana siguiente y continuó cantando toda su vida. Según contó, esa experiencia llevó al propio Barrera a modificar su forma de seleccionar voces en coros de niños, porque entendió el daño que puede hacer un rechazo mal manejado a una persona con deseos genuinos de cantar.
De esa anécdota se desprende, para Gómez Delgado, una idea central: cuando un director nota que las condiciones no están dadas para un coro específico (por ejemplo, uno seleccionado con fines de concurso), la respuesta correcta es derivar a la persona a otro coro no seleccionado, propio o de un colega, en lugar de simplemente decirle que no entró. Citó una frase de Ricardo Barrera y Oscar Escalada: "niño que dejó de cantar se dedica a jugar a la pelota y no canta nunca más", y advirtió que lo mismo ocurre con adultos que después de una mala experiencia se convencen de que "no sirven ni para tocar el timbre".
Gómez Delgado también contó que en Entre Ríos impulsa, junto al senador Pablo Canali, un proyecto de ley para que los programas de coros escolares de primaria y secundaria —que existen desde hace décadas pero dependen de cada gobierno de turno— se conviertan en política de Estado. El proyecto, que ya tiene media sanción en el Senado y espera tratamiento en la Comisión de Educación de Diputados, también prevé la creación de una carrera de dirección coral especializada en coros escolares.
Gus Espada, por su parte, aprovechó la entrada para presentar la tercera clase del curso Técnica vocal para el trabajo en el coro, preparado por Federico "Fefo" López Gaviola, que en esa clase avanza sobre los ejercicios previos a la vocalización plena: primero ejercicios vibrantes y con vocales para activar el aparato fonador, antes de pasar a ejercicios de mayor dificultad técnica.
Para quien dirige un coro, la propuesta de Macarena Gómez Delgado ofrece un procedimiento concreto para el primer encuentro con cada postulante: generar empatía antes que evaluar, calentar la voz con ejercicios progresivos, escuchar más que clasificar, y recordar que cada persona que se acerca no solo busca entrar a un coro, sino que está dando sus primeros pasos en el canto coral.