Cuando los coros no podían juntarse presencialmente, ensayar por videollamada trajo un problema básico: ¿cómo lograr que todos escuchen bien la música de estudio sin que el sonido llegue desincronizado? La experiencia acumulada durante esos meses de aislamiento dejó algunas soluciones concretas, tanto técnicas como de organización del ensayo.
En ese momento Google Meet había liberado sus funciones avanzadas y aparecía como una opción con muy buena calidad de conexión, aunque con funciones más limitadas que Zoom para compartir pantalla y audio simultáneamente. Para que la conexión funcione bien, quien organiza la reunión necesita tener buena velocidad de internet y, si es posible, la computadora conectada por cable Ethernet en vez de Wi-Fi.
Para preparar videos de estudio, un programa como OBS Studio permite grabar al mismo tiempo el audio de la computadora (por ejemplo, una partitura reproducida en un editor tipo Sibelius o Finale) junto con la imagen y el audio de la webcam de quien está cantando encima. El resultado es un video de estudio que después se puede enviar al coro completo.
Compartir el audio de la PC en Zoom es simple: al hacer clic en "Compartir pantalla" aparece una casilla en la esquina inferior izquierda que dice "Compartir el audio de la computadora". Activada esa opción, cualquier sonido que se reproduzca en la computadora —un MP3, un video de YouTube, un archivo MIDI— llega con buena calidad a quienes están del otro lado.
El problema aparece cuando el director quiere cantar por encima de ese audio: la voz y la pista no llegan sincronizadas a los participantes, por más que en la computadora que emite sí se escuchen juntas. La solución práctica es no activar esa casilla y, en cambio, subir el micrófono al máximo para que capte tanto la voz como el sonido de los parlantes de la propia computadora. Así, todo sale mezclado por el mismo canal y llega sincronizado.
Esto permite variantes útiles para pasar partes: cantar la parte propia con el audio de esa misma parte de fondo, cantar una cuerda mientras se escucha el audio de otra (para generar un "disturbio auditivo" que entrena el oído), o cantar una parte con el audio completo (tutti) de acompañamiento. El paso final y más exigente es que cada integrante cante su parte solo con el audio de tutti de guía, sin que el director cante encima.
Los ensayos grupales o por cuerda sirven para enseñar y repasar partes, pero tienen una limitación: el director no puede escuchar a nadie en particular, porque todos cantan con el micrófono abierto al mismo tiempo generando ruido. Para resolver esto conviene complementarlos con ensayos donde se escucha a los integrantes de a uno, con el resto cantando en simultáneo pero con el micrófono silenciado.
Una colega de Córdoba usó una estrategia llamada "parejas didácticas": dividir al coro en dúos armados por el director según criterios que combinan lo musical con lo humano (generaciones distintas, fortalezas que se complementan, afinidad personal). Estas parejas se juntan por teléfono común —no por WhatsApp ni Zoom, porque la llamada telefónica tradicional no tiene el retraso (delay) que sí tienen las videollamadas— y ensayan de forma autónoma, sin depender de la presencia del director.
Para los ensayos por cuerda donde se escucha a cada uno, conviene pedir de antemano que cada integrante tenga lista su partitura y su pista de estudio en un dispositivo distinto al que usa para conectarse a la videollamada: tenerlo todo en el mismo celular suele trabar la reproducción y complica seguir la partitura al mismo tiempo.
Más allá de lo técnico, en ese momento de la cuarentena se planteaba una pregunta de fondo: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un coro sin ensayos presenciales ni actuaciones? Para quienes dirigen coros independientes, y para el equipo de trabajo que suele no tener contrato formal —asistentes, instrumentistas de ensayo, profesores de canto, jefes de cuerda—, mantener una actividad virtual sostenida no era solo una cuestión artística sino también una forma de conservar la fuente laboral mientras no había certeza de cuándo podrían volver los ensayos presenciales.
Frente a esa incertidumbre, la propuesta era apoyarse en lo que siempre sostuvo a un coro: seguir estudiando, ser creativos para adaptar la actividad al medio virtual, tener empatía con las necesidades del grupo y cultivar el sentido de pertenencia de cada integrante.
Quien quiera reforzar las bases teóricas que sostienen estas dinámicas de ensayo puede revisar el Curso Básico de Armonía II, pensado tanto para quienes nunca cursaron armonía de forma sistemática como para quienes necesitan repasar esos conceptos.