Fácil o difícil: Qué nivel de dificultad debe tener el repertorio de mi coro?


Análisis y estudio de la obra
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La mayoría de los directores elige el repertorio mirando dos cosas: que le guste al coro (o al director) y que las partes no queden demasiado agudas ni demasiado graves para cada cuerda. Ese criterio funciona a medias porque se basa en una intuición general sobre lo que el coro "puede" o "no puede" cantar, y esa intuición falla seguido. El resultado típico: partituras que quedan en el camino porque se sobreestimó al coro, o repertorios reducidos a dos o tres obras que se repiten año tras año porque nunca se terminan de leer las demás.

Otro síntoma del mismo problema es "forzar la máquina": agregar ensayos extra un sábado, un domingo, un fin de semana largo, solo para terminar de armar el repertorio. Si al final del año se calcula qué proporción de ensayos se dedicó a lectura y memorización contra la que se dedicó a trabajo expresivo, suele quedar algo así como 80% contra 20%. Eso se nota en el sonido: coros que llegan a los conciertos con el repertorio recién armado, sin trabajo de interpretación.

Tres posturas frente a la dificultad

Hay exceso de entusiasmo cuando el director sabe que una obra es difícil para su coro pero cree que de alguna manera se va a resolver sola con los ensayos. Está relacionado con las intenciones de crecimiento: elegir algo difícil a propósito, entendiendo que resolver esas dificultades hará crecer al coro en técnica vocal, lectura o armonía. En el otro extremo está la subestimación de las posibilidades: no darle ningún crédito al coro y elegir un repertorio tan fácil que resulta casi ridículo escucharlo, sobre todo cuando las voces darían para mucho más.

Ninguna de las tres posturas funciona si antes no se sabe diagnosticar con precisión qué dificultades técnicas presenta una partitura para cada cuerda del coro.

Qué evaluar cuerda por cuerda

Tesitura. No alcanza con saber el límite grave y agudo de cada cuerda: hay que conocer su tesitura real, la zona donde canta cómoda. Un agudo pasajero dentro de una frase que después baja no es lo mismo que una melodía que se mantiene todo el tiempo cerca del límite agudo con pocos momentos de reposo.

Melodía. Cada cuerda resuelve distinto tipo de líneas: algunas se manejan mejor con grados conjuntos, otras con melodías quebradas, otras quedan limitadas a líneas estáticas. También varía la capacidad de memorización: hay cuerdas que necesitan motivos cortos y repetitivos, otras aprenden sin problema melodías largas.

Ritmo. Las dificultades rítmicas suelen aparecer como paredes contra las que el director se choca en el ensayo, sin haberlas anticipado. Es obvio que un coro sin experiencia no va a resolver una obra en 5/8 o 7/8, pero es menos obvio evaluar si todas las cuerdas manejan contratiempos, síncopas sencillas o simplemente cierta velocidad de canto.

Armonía. Se detecta más fácil, porque suele verse en la cantidad de alteraciones accidentales y en lo intrincada que resulta la conducción de voces. Pero es difícil saber de antemano qué tanto puede resolver cada cuerda, porque la comprensión intuitiva de la armonía en cantantes sin formación musical depende de qué música escuchan, qué experiencia coral tienen y su formación previa.

Conviene recordar que si el coro aprende de memoria, cada dificultad agregada en melodía, ritmo o armonía se suma a lo que ya es difícil de por sí: memorizar un repertorio completo.

Entonces, ¿qué nivel de dificultad conviene?

La respuesta es un depende grande como una casa. Pensar que un coro no tiene ninguna posibilidad de crecer y por eso no vale la pena esmerarse en la elección del repertorio no parece una buena opción: todos los grupos, incluso los de mayores dificultades, tienen alguna posibilidad de crecer. Pero el extremo opuesto tampoco funciona: un repertorio que siempre exija más de lo que el coro puede dar impide disfrutar el trabajo y ver resultados en tiempos razonables.

María del Carmen Aguilar suele decir que si un coro tarda más de un ensayo en leer una obra, la obra está mal elegida. Puede sonar extremo, pero la idea apunta a lo mismo: para que el coro funcione como instrumento artístico y no solo como ejercicio pedagógico, necesita un repertorio que le quede cómodo, a partir del cual trabajar sonido y expresión. Puede convivir con alguna obra que represente un desafío, si el coro está de acuerdo, pero la porción mayoritaria de los ensayos del año debería estar dedicada a interpretación y sonido, no a lectura y memorización.

Trabajar con criterios de adaptación de voces ayuda justamente a ajustar la dificultad de una obra a lo que cada cuerda puede resolver, en lugar de forzar un arreglo que no le queda cómodo al coro. Sobre eso trabaja el curso Adaptaciones de arreglos corales I, donde se abordan adaptaciones de arreglos de cuatro voces mixtas a tres voces, siguiendo criterios concretos de conducción de voces.


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