La independencia de brazos es la capacidad de mover cada brazo con un propósito distinto y simultáneo: uno marca el compás mientras el otro hace una entrada, un matiz o cualquier otra indicación. No es un talento innato, sino una automatización que se logra con práctica constante y progresiva.
Lo interesante de estos ejercicios es que no requieren estar parado frente a un atril: se pueden hacer sentados, en el ómnibus, en el auto o esperando en una parada. Basta con acordarse de practicarlos.
El primero necesita solo un vaso y una moneda (o un lápiz). Con el brazo dominante se marca el compás —de dos, tres o cuatro tiempos, cuidando que el movimiento salga desde el hombro— y con el brazo no dominante se toma la moneda con dos dedos, se la pone dentro del vaso y se la retira, repitiendo el gesto varias veces sin perder la marcación.
Otra variante usa una botella o jarra con agua ubicada del lado contrario a la mano no dominante, para obligar a esa mano a hacer todo el recorrido: mientras se marca el compás, se destapa la botella, se sirve agua, se vuelve a tapar y se la deja en su lugar. Con un termo y un mate el ejercicio se complica, porque hay que embocar el agua sin llenar la mesa, cuidando además de no tapar todo el yerbero para no lavar el mate.
El último ejercicio combina dirección y lectura de un texto en voz alta. Se marcan cuatro compases de cuatro tiempos, cuatro de tres, cuatro de dos y cuatro de uno, y al terminar la serie se vuelve a empezar desde el compás de cuatro. La dificultad está en sostener la lectura mientras cambia constantemente la cantidad de tiempos que se marcan.
Con la mano no dominante se hace el gesto de pintar una pared, trabajando el plano vertical, mientras la otra mano dibuja círculos dentro del ámbito de trabajo: el espacio de movimiento habitual, que va desde la cintura hasta apenas arriba de los hombros, y desde la mitad del pecho hacia afuera del cuerpo. Primero se alternan los gestos entre una mano y otra, y después se hacen los dos movimientos juntos, siempre coordinando con la respiración y evitando que un brazo copie el ritmo del otro.
Mientras una mano marca, por ejemplo, un compás de cuatro cuartos, la otra sube y baja marcando un crescendo y un diminuendo que no coincidan con los pulsos del compás. Se puede variar la cantidad de compases que dura cada matiz: cuatro compases para crecer y cuatro para disminuir, o comprimir todo el gesto a un solo compás, lo que obliga a un movimiento mucho más rápido con la mano del matiz. El gesto de crecer y disminuir también puede hacerse desde el centro del cuerpo hacia adelante y hacia atrás en lugar de hacia arriba y abajo.
Otro ejercicio consiste en marcar el compás con la mano dominante mientras la otra dibuja una especie de ocho acostado, como el símbolo del infinito, hacia adelante y hacia abajo. Lo importante no es coordinar la cantidad de compases sino que el movimiento del ocho sea continuo y no se detenga ni coincida con los pulsos.
También se puede marcar con la mano no dominante acentos que sí coincidan con cada tiempo del compás, mientras la mano dominante sigue marcando sin acentuar. El esfuerzo está en que el impulso fuerte quede solo en la mano que no lleva la marcación.
El levare (o anacrusa) es el impulso que se da en el tiempo anterior a una entrada, para prepararla. El ejercicio consiste en marcar el compás con la mano dominante y, con la no dominante, levantar el levare fuerte antes del tiempo en que se ubica la entrada. Conviene practicarlo con entradas en distintos tiempos —primero, segundo, tercero— y en compases de dos, tres y cuatro tiempos. Este trabajo es la base para poder dar entradas con una mano mientras la otra sigue marcando el compás.
Un ejercicio más avanzado marca con los pies un compás de 2x4 mientras las manos marcan un 5/8, gesto que se dirige como un dos por cuarto con dos corcheas abajo y tres arriba. Se puede variar la velocidad para buscar mayor independencia.
Otro ejercicio alterna, sin usar los pies, un 3x4 en la mano dominante y un 6/8 en la mano no dominante, con las corcheas equivalentes entre ambos compases. Esta combinación, típica de las hemiolas del folclore argentino y de otras músicas populares, no se usa como gesto real de dirección porque confundiría al coro, pero es muy efectiva para entrenar que cada brazo se mueva con independencia real.
En todos los casos conviene practicar pocos minutos por día, pero muchos días seguidos, en lugar de sesiones largas y esporádicas. La clase completa con los ejercicios avanzados de independencia de brazos está en el Curso de Técnica de Dirección coral II, que también incluye el trabajo previo con la suspensión.
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