Tips de preparación vocal para coros #2:


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¿La vocalización es solo para "entrar en calor" antes de ensayar "de verdad"? No, y pensarlo así es un error que le cuesta caro a cualquier coro. Quienes dirigen coros con cantantes sin formación vocal, con poca técnica, o que renuevan integrantes de un año a otro, se enfrentan a un desafío particular: cada ensayo hay que construir el instrumento con el que se va a trabajar, porque ese instrumento no viene ya afinado ni parejo. Basta con escuchar a cualquier coro amateur para notar la diversidad: una cuerda (es decir, un grupo de voces que canta la misma línea melódica, como sopranos, contraltos, tenores o bajos) puede afinar muy bien pero tener poco volumen, mientras otra suena fuerte y presente pero con problemas de afinación. Hay cuerdas con un color nasal marcado, y dentro de cada una conviven cantantes que apenas se escuchan con otros que cantan como si estuvieran solos. Casi siempre aparece también algún coreuta con un timbre tan particular que resulta imposible de empastar, es decir, de mezclar con el resto para lograr un sonido homogéneo. Frente a esta realidad, la vocalización deja de ser un trámite o un peaje que hay que pagar antes de "empezar en serio": es el espacio donde el director trabaja activamente sobre esas diferencias de volumen, afinación y timbre para ir construyendo, ensayo tras ensayo, un instrumento colectivo más parejo y más manejable. Entender esto cambia la actitud con la que se encara ese momento del ensayo. Tratar la vocalización como un simple calentamiento significa desperdiciar diez, quince, veinte minutos valiosos en cada ensayo. Para un director, entender que el trabajo real del coro empieza ahí es la diferencia entre avanzar de manera sostenida en la afinación y el empaste del grupo, o repetir año tras año los mismos problemas de base. Los tips anteriores: Tip #1