#115: J. S. Bach, según Gardiner


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John Eliot Gardiner es uno de los directores más influyentes en la interpretación de música barroca y clásica con instrumentos originales. Fundó el Monteverdi Choir en 1964, dirigió su primer concierto a los 15 años y realizó más de 250 grabaciones. Estudió con Thurston Dart, autor de un libro que en los años 50 impulsó el llamado movimiento historicista —la corriente que promovió tocar la música antigua con los instrumentos de su época— y con Nadia Boulanger, la maestra que formó a gran parte de los compositores del siglo XX. En 1990 fundó además la Orchestre Révolutionnaire et Romantique, dedicada al repertorio clásico y romántico también con instrumentos de época.

En 2013 Gardiner publicó "La música en el castillo del cielo", un retrato de Bach que resume toda una vida de estudio sobre este compositor. Él mismo lo describe así: "esta es la obra de toda una vida centrada en mi devoción por Bach". Cuenta también que empezó a cantar sus motetes a los siete u ocho años, y que comparados con Palestrina, Purcell o Monteverdi, Bach siempre le resultó el más difícil.

Un genio insondable, un hombre invisible

El prólogo del libro arranca con una tensión que atraviesa toda la obra: "Bach, el músico, es un genio insondable. Bach, el hombre, posee defectos demasiado evidentes, es decepcionantemente normal y en muchos sentidos sigue resultándonos invisible". Gardiner señala que sabemos menos de la vida privada de Bach que de la de casi cualquier otro gran compositor de los últimos 400 años: a diferencia de Monteverdi, no dejó correspondencia íntima, y lo que se conserva es en su mayoría anecdótico.

De los pocos escritos que sí llegaron hasta hoy, la mayoría son pedestres: informes técnicos sobre órganos, cartas de recomendación para alumnos, reclamos por su salario a las autoridades municipales, dedicatorias aduladoras a personajes de la realeza. Como dice Gardiner, "percibimos actitudes muy arraigadas, pero raramente sentimos un corazón latiendo".

¿Hace falta conocer al hombre para entender su música?

Gardiner se hace esta pregunta explícitamente y cita a Albert Einstein, quien habría dicho sobre la obra de Bach: "Escúchenla, interprétenla, aménla, venérenla, y cátense la boca". Sin embargo, el propio Gardiner admite que existe una curiosidad innata por ponerle cara a quien compuso una música capaz de dejarnos perplejos, de hacernos bailar o de conmovernos hasta lo más profundo.

El problema, dice, es que la falta de datos concretos empujó a generaciones de biógrafos —desde Forkel hasta Spitta— a llenar los vacíos con especulación. Ahí, según Gardiner, "hace su aparición la mitología": Bach convertido en héroe artesano, en quinto evangelista, en intelectual comparable a Newton. Gardiner llama a esto "agiolatría", el culto que normalmente se profesa a los santos, y advierte sobre la tentación de asumir que un genio musical debe corresponder necesariamente a una gran persona. Su conclusión es tajante: "es muy posible que el narrador pueda ser mucho más insustancial o menos atractivo que la narración".

Por qué le sirve a quien dirige un coro

Conocer este tipo de análisis ayuda a separar la admiración por la obra de las proyecciones que se hacen sobre la persona del compositor, algo útil a la hora de preparar el discurso interpretativo de una obra de Bach con un coro: no hace falta idealizar al hombre para abordar su música con rigor y respeto. Quien quiera profundizar en este tema o compartir dudas sobre dirección coral puede escribir a gusespada.com/contacto.