Laura Otero es compositora, pianista, cantante y docente, y una de las voces entrevistadas dentro del ciclo dedicado a Comcorar (Asociación de Compositores de Música Coral de Argentina). En la charla con Gus Espada repasa su formación, su llegada a la composición coral y su experiencia como docente e integrante de esta asociación.
Laura Otero cuenta que creció en una casa donde se tocaba piano y guitarra, se escuchaba música clásica y folclórica y hasta se armaban peñas familiares con clases de danza. Esa atmósfera la encauzó hacia el piano, que estudió desde los cuatro años, y luego hacia la carrera de pianista en el Conservatorio Nacional de Música López Buchardo. En paralelo cantó en coros desde chica y más adelante estudió dirección coral con Antonio Russo, además de técnica de canto, porque —dice— para pedirle un buen sonido a los coreutas hay que conocer la voz.
La composición llegó más tarde. En el año 2000 grabó un disco de canciones para niños, nacido de las melodías que inventaba para dormir a sus dos hijos. Ese proyecto doméstico, hecho con el aporte de amigos músicos, terminó de mostrarle cuál era su camino expresivo, apoyado en todo lo que ya sabía de canto, piano y dirección coral.
Laura Otero empezó a dar clases de lenguaje musical antes de recibirse y trabajó muchos años en instituciones como la Escuela Manuel de Falla, el conservatorio que luego se convirtió en el Astor Piazzolla, y durante veinte años en la UBA, donde daba educación vocal y trabajaba mucho con la improvisación como herramienta lúdica para desinhibir la voz y la palabra cantada.
Gus Espada señala que la improvisación no es un recurso muy usado en el canto coral, y recuerda una obra con pasajes de sonidos indeterminados donde el director daba señas a los coreutas, más cercana a lo aleatorio que a la improvisación propiamente dicha. Laura Otero coincide y cuenta que en sus clases el juego y la improvisación eran justamente lo que los alumnos señalaban como distinto: muchos llegaban con temor a cantar, con historias de no haber cantado nunca ni en la escuela ni en su casa, y encontrar ese espacio lúdico les permitía perder el miedo a mostrar la voz. Para ella, ese mismo camino —entender la voz como un don, conocer su fisiología y su técnica pero siempre a partir del juego— también ayuda a que un coro se anime a abordar obras contemporáneas con mayor libertad formal.
Laura Otero explica que Comcorar surgió por iniciativa de Edgar Moya Godoy y reúne a catorce compositores de distintas provincias argentinas, con tres ejes de trabajo: difundir las obras, legitimar el trabajo compositivo y visibilizarlo. A diferencia de lo más habitual —arreglos sobre música popular—, la asociación pone el foco en obra coral original. Otro punto que remarca es la necesidad de profesionalizar la composición: mientras a los intérpretes se les paga por su trabajo, la composición muchas veces se sigue moviendo por trueque o intercambio informal, sin reconocimiento económico.
Consultada sobre las búsquedas estéticas actuales, Laura Otero observa que, a diferencia del quiebre atonal de la Escuela de Viena, buena parte de la música coral argentina contemporánea sigue apoyada en la tonalidad o la modalidad, con momentos de mayor tensión armónica pero sosteniendo una discursividad que le permite llegar a un público amplio. Pone como ejemplo una reciente función de Carmina Burana con varios coros de niños y adultos que llenó un aula magna, como muestra de la capacidad de lo coral para convocar y expandir audiencias.
Laura Otero cierra contando que integra además el Foro Argentino de Compositoras y la UNACOM, y que valora especialmente el trabajo en equipo: reuniones periódicas, proyectos compartidos y el intercambio entre colegas como motor de la actividad compositiva.
Para quien dirige un coro, la charla deja dos ideas para llevarse a la sala de ensayo: la improvisación y el juego vocal como herramienta para destrabar el miedo a cantar, y la existencia de un repertorio coral argentino contemporáneo, organizado en Comcorar, disponible para programar. Las playlists con obras corales pueden explorarse en Spotify y en youtube.
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