Las últimas palabras de Felix Mendelssohn: El Nunc Dimittis y su despedida musical


Podcast
img

Félix Mendelssohn murió el 4 de noviembre de 1847 en Leipzig, a los 38 años, tras una serie de derrames cerebrales. Lo golpeaba una tragedia reciente: la muerte de su hermana Fanny, ocurrida apenas meses antes. Entre sus últimas obras hay una que suena como una despedida personal: el Nunc Dimittis, también conocido por su título en alemán, "Herr, nun lässest du", el cántico de Simeón.

Una hermandad artística

Félix y Fanny Mendelssohn nacieron en una familia culta y privilegiada de Berlín. Desde niños recibieron una educación musical excepcional, supervisada por su madre y perfeccionada con algunos de los mejores maestros de la época. En casa tocaban el piano juntos, componían y asistían a los ensayos de la Sing-Akademie de Berlín.

Pero el destino de ambos estaba trazado de forma desigual: su padre, Abraham Mendelssohn, dejó claro que la música podía ser una profesión para Félix, pero solo un adorno para Fanny. A pesar de esas barreras, Fanny componía y ejerció una enorme influencia sobre su hermano, que la llamaba "su Minerva" —la diosa de la sabiduría— y confiaba plenamente en su juicio musical. Fanny fue la primera en escuchar muchas de las obras de Félix y en darle sus opiniones más sinceras. Con el tiempo, varias composiciones inicialmente atribuidas a él fueron reconocidas como obra de ella.

Fanny se casó con el pintor Wilhelm Hensel y siguió componiendo y dirigiendo, aunque en un círculo más privado. El 14 de mayo de 1847 murió repentinamente de un derrame cerebral mientras ensayaba una de sus obras. Félix, que estaba lejos de Berlín, recibió la noticia y su mundo se derrumbó: dejó de componer, se alejó de la música y su salud se deterioró con rapidez. Se retiró a Suiza, donde pintaba acuarelas para calmar su mente, pero la pena no lo abandonó.

El cántico de Simeón

En junio de 1847, en medio de ese duelo, Félix compuso su Nunc Dimittis. El texto está tomado del Evangelio de Lucas y narra el momento en que el anciano Simeón, que esperaba ver al Mesías antes de morir, toma en sus brazos al niño Jesús en el templo y pronuncia: "Ahora, Señor, despide a tu siervo en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos, luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel".

Es difícil no ver en ese texto una resonancia con el estado de ánimo de Mendelssohn en ese momento: quizás una manera de aceptar la muerte de Fanny, o una premonición de su propio final. La música es solemne, introspectiva, como si al escribirla hubiera encontrado una forma de decir adiós. Meses después, en octubre, sufrió una serie de derrames cerebrales y murió el 4 de noviembre de 1847, a la misma edad en que había muerto su hermana.

Conocer el contexto en que nació una obra —el duelo, la relación entre los hermanos, el texto elegido— cambia por completo la forma de dirigirla: ayuda a transmitir al coro no solo las notas, sino el peso emocional que hay detrás de cada frase.