La calatura es lógica: Un coro que baja de tono no siempre es por cansancio o falta de técnica, sino una consecuencia matemática de buscar la afinación justa. El cerebro prefiere la perfección vertical del acorde antes que mantener la altura horizontal.
El piano es un estorbo: Ensayar siempre con piano obliga al coro a adaptarse a un sistema acústicamente impuro.
El dilema del director: Se debe elegir entre la estabilidad absoluta de la afinación (forzando el temperamento del piano) o permitir que la música se desplace para alcanzar la resonancia de la afinación justa.
Robert Shaw establece tres premisas fundamentales para su técnica coral:
Para Shaw, lograr que 200 voces canten una sola nota afinada es un "logro monumental" que requiere que todos se preocupen por ello cada segundo.
escucha el episodio 👇🏽
escuchá el episodio completo 👇
En 2007, el investigador David Howard midió con electrolaringografía —electrodos que registran la vibración de las cuerdas vocales— a un cuarteto profesional cantando ejercicios diseñados matemáticamente. Si el grupo cantaba con afinación justa (la de las proporciones acústicas naturales, no la del piano), la teoría decía que debían terminar más bajos que la nota de partida. Y así fue: el cuarteto terminó un semitono entero por debajo, sin que nadie —ni el oyente más entrenado— lo percibiera como desafinado. Al contrario, sonaba más consonante.
La conclusión no es que el piano sea el enemigo, sino saber cuándo apoyarse en él y cuándo no. En una carta de 1984, Robert Shaw —de quien ya se habló en el episodio 182— insistía en que la afinación, el ritmo y el sonido vocal son las tres premisas de su técnica coral, y que un coro que ensaya siempre con piano se acostumbra a un sistema acústicamente "impuro". El episodio cierra con cuatro conclusiones prácticas sobre cuándo usar el piano y cuándo dejar que el coro busque la afinación por su cuenta.