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Cómo un poema que no se deja explicar, de un poeta que anticipó el surrealismo, terminó en la música de Francis Poulenc.
Guillaume Apollinaire (1880–1918) fue un poeta francés que vivió el cambio de la poesía y el arte europeos a comienzos del siglo XX. Su obra queda entre dos mundos: conserva elementos del simbolismo de fines del siglo XIX y anticipa ideas que después desarrollarían las vanguardias, sobre todo el surrealismo.
Fue amigo de Picasso y conoció de cerca el trabajo de Braque. Del cubismo tomó una idea: mostrar la realidad desde varios puntos de vista a la vez. En sus poemas eso aparece como recuerdos, lugares y momentos distintos reunidos sin explicar la relación entre ellos. Usó la palabra "surrealismo" antes de que existiera el movimiento, y los surrealistas lo reconocieron después como antecedente.
Alcools (1913) reúne poemas escritos a lo largo de muchos años. Conviven el amor, la religión, las leyendas y la canción popular con la ciudad moderna, los automóviles, la electricidad y los aviones. Antes de publicarlo, Apollinaire quitó casi toda la puntuación: así, una frase puede leerse de más de una manera y las palabras se relacionan con más libertad. Conoció el opio, como muchos artistas de su ambiente, pero no hay base para decir que escribiera bajo sus efectos: sirve para entender la época, no para explicar su poesía.
Blanche neige es "nieve blanca". En una traducción aproximada, el poema dice que los ángeles están en el cielo, que uno está vestido de oficial, otro de cocinero, y que los demás cantan. Si se intenta armar con eso una escena lógica, no funciona: las imágenes se suceden y el poeta no explica por qué.
Lo que ordena el poema es el sonido de las palabras: repeticiones como les anges, les anges llevan de una imagen a la siguiente. Al final aparece el centro emocional, el deseo de tener a la mujer amada entre los brazos, y el conjunto de imágenes sueltas se revela como un poema de amor.
Francis Poulenc (nacido en 1899) conoció a Apollinaire en 1917, siendo muy joven; Apollinaire murió en noviembre de 1918. La amistad fue breve y el impacto duró toda la vida de Poulenc: Apollinaire es uno de los poetas que más musicalizó.
Poulenc elegía los textos por sus autores y su ambiente artístico, no solo porque fueran cantables. Puso música también a Paul Éluard, Max Jacob, Louis de Vilmorin y Jean Cocteau. En Apollinaire encontró algo parecido a su propia personalidad artística: humor y melancolía, imágenes simples, lenguaje cotidiano y momentos de gran emoción.
Poulenc no intentaba traducir cada imagen del poema en un efecto musical. Su preocupación era respetar las palabras y la manera natural de decirlas en francés. La prosodia es la relación entre el ritmo de la frase, los acentos y la pronunciación, y para él era fundamental. Por eso su música vocal puede sonar ligera, casi como una canción popular, y cambiar de clima enseguida: el humor convive con la tristeza y una frase ingenua puede volverse profunda.
Si dirigís o cantás repertorio francés, saber cómo escribía Apollinaire y cómo lo leía Poulenc te da un criterio para decidir qué hacer con un texto que no se explica: seguir sus cambios de carácter y el ritmo de sus palabras, en lugar de buscarles una lógica. Esa relación entre texto y música coral es el tema de la clase 36 de No me vengan con el verso, el curso de Gus Espada, director de coro, en gusespada.com.