Aspectos que hoy definen el canto coral infantil y juvenil


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El desarrollo del canto coral infantil en Argentina es muy desigual según la provincia. Hay lugares con una tradición fuerte y sostenida, como un coro de niños en Mendoza que ese año cumplía 60 años, o provincias que tuvieron planes oficiales de formación coral en las escuelas, como Chubut y Santa Fe. En otras provincias, en cambio, la actividad coral ni siquiera forma parte de la identidad local: se la asocia a lo folclórico sin ser realmente auténtica, y por eso mucha gente no le da la importancia que tiene.

Cómo se organizaron las Rondas Corales

El presidente de Adicora Nacional explicó que las Rondas Corales, dedicadas al canto infantil y juvenil, se organizaron en seis jornadas, cada una con una temática específica: gestión y armado de coros, coros escolares, pedagogías vocales, repertorio, coros y movimiento, y un cierre con el balance de todo lo trabajado. Cada jornada terminaba con un encuentro interactivo con especialistas, precedido por entrevistas estrenadas en el canal de YouTube de la asociación y contenido interactivo en Instagram.

Las rondas fueron abiertas a toda la comunidad coral, no solo a socios de Adicora, y se transmitieron por Zoom con cupo limitado, quedando luego disponibles en YouTube. Para sumarse, la vía de contacto fue a través de las redes sociales de la asociación —incluyendo su página de https://www.facebook.com/adicora.nacional— o por correo a adicora.secretaria@gmail.com.

Un diagnóstico desigual y una escuela sin lugar para el coro

La directora que integró el comité académico de las jornadas señaló que en ninguna escuela del país se exige formar un coro escolar: cuando existe, es siempre por iniciativa individual de algún docente, generalmente alguien con formación coral propia. Esa falta de estructura institucional explica en parte la disparidad entre provincias. El tema había sido abordado también en una entrevista anterior sobre educación musical escolar, disponible en el Programa #31 del podcast.

Sobre la demanda de los chicos y jóvenes, describió un patrón que se repite: hay mucho interés en cantar en coro hasta los 13 o 14 años, después decae —coincidiendo con una etapa vital especialmente compleja— y vuelve a resurgir en la adultez.

Pedagogías vocales y repertorio pensado para quien canta

La jornada dedicada a pedagogías vocales buscó actualizar la manera de enseñar a cantar en coro considerando el cambio de voz, las voces trans, la inclusión y la discapacidad: temas que suelen quedar afuera de la formación tradicional de directores.

Sobre el repertorio, la idea central fue que las obras deben elegirse en función de quienes cantan y no para el lucimiento del director. Puso como ejemplo la experiencia del plan coral de Santa Fe, donde se armaban coros con los propios docentes —con apoyo de fonoaudiólogos y especialistas en técnica de ensayo— para que después ellos enseñaran a los alumnos, un esquema que dejó resultados que todavía se recordaban años después.

También se planteó ampliar el rol del coreuta más allá de cantar de oído: enseñarles el código musical, el funcionamiento del aparato vocal, y darles espacio para improvisar, componer o incluso dirigir, corriendo el foco de atención del director hacia quienes integran el coro.

El obstáculo de siempre: los cargos docentes

Un problema estructural mencionado fue la falta de horas destinadas a la actividad coral en los cargos docentes: en algunos casos, de una jornada de 15 horas, solo queda una hora libre después de estar frente a alumnos, lo que dificulta sostener ensayos regulares dentro de la escuela.

Para quienes dirigen coros de niños o adolescentes, el episodio deja un panorama claro de los temas pendientes: formación específica en pedagogía vocal según edades, repertorio pensado desde las necesidades del grupo y la urgencia de que la actividad coral tenga un lugar más firme dentro del sistema educativo.