Buenas prácticas para digitalizar nuestra biblioteca de partituras corales


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Benjamin Franklin incluía el orden entre las trece virtudes que se propuso cultivar toda su vida, y sin embargo confesó en sus memorias que fue la que más problemas le dio: "no lograrlo me molestaba mucho y no podía enmendarme". El orden no es una ciencia exacta ni un tema que tenga una única receta correcta —de hecho hay quienes reivindican el desorden como parte de una vida creativa, como cuenta esta nota sobre una "gurú del desorden" https://www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/despues-boom-marie-kondo-llega-guru-desorden_0_H12-mj0HW.html— pero para quien dirige un coro, tener la biblioteca de partituras organizada ahorra horas de vida.

Las etapas de una biblioteca en papel

La mayoría de los directores atraviesa el mismo camino evolutivo. Primero, las partituras desperdigadas entre apuntes de la carrera, carpetas de distintos coros y fotocopias de clases. Después, la clasificación en cajas por período (Renacimiento, Barroco, Clasicismo, Romanticismo, siglo XX, música popular). Con el tiempo, esas cajas se llenan y ordenar solo por período deja de servir: si hay cincuenta partituras de Monteverdi en la caja de Renacimiento, encontrar la que se necesita vuelve a ser un dolor de cabeza.

La solución real llega con una base de datos. Un documento de Word con una tabla no alcanza, porque esa tabla es fija: no se puede reordenar la información por columna. Una planilla de cálculo (Excel o Google Sheets), en cambio, permite filtrar por título, compositor, tipo de coro, nivel de dificultad o período, y encontrar en segundos lo que antes llevaba una hora de revisar cajas.

Antes de cargar los datos conviene numerar cada partitura dentro de su caja —partitura 1, 2, 3 de la caja tal— sin preocuparse por el orden alfabético. Ese número, junto con el título, el compositor o arreglador, el tipo de coro (SATB, SSA, SAB), el período, el género y observaciones sobre el estado del papel, forma la base de datos que después va a ordenar toda la digitalización.

Escanear sin generar un caos digital

Sacarle fotos a las partituras con el celular parece rápido, pero termina en una carpeta llena de archivos llamados 001.jpg, 002.jpg, 003.jpg que hay que renombrar uno por uno. La alternativa más práctica es instalar una aplicación de escáner en el teléfono o la tablet: escanean más rápido que un escáner de computadora, mejoran automáticamente sombras, manchas y arrugas del papel, y permiten guardar directamente en PDF con el nombre correcto —por ejemplo, el título de la obra— en un solo paso.

La nube como copia de seguridad

Un disco duro se puede romper, robar o infectar con un virus, así que toda partitura digitalizada debería tener una copia en algún almacenamiento en la nube. En Argentina, la mayoría de los teléfonos usa Android, lo que significa que casi todos tienen ya una cuenta de Google y, con ella, 15 GB gratuitos en Google Drive: más que suficiente para una biblioteca de PDFs.

La forma más ordenada de trabajar es escanear en el celular, pasar los archivos a la computadora y tener esta conectada a Google Drive, de manera que se suban automáticamente. Así se puede armar la estructura de carpetas con comodidad —clic, arrastrar, crear subcarpetas— y Google Drive queda como espejo exacto de lo que hay en la computadora.

La lógica de nombres debería calcar la de las cajas físicas: una carpeta por cada número de caja, y dentro de ella los PDFs nombrados primero con el número de orden y después con el título de la obra ("1 - Chacarera tal", "2 - Madrigal tal"). Sin esa correspondencia entre la base de datos y los archivos digitales, buscar en la computadora o en la nube puede ser todavía más lento que buscar en las cajas de papel.

Para qué sirve todo esto

Tener las partituras digitalizadas permite enviarlas por correo o compartirlas por WhatsApp con el coro en cuestión de segundos: durante la cuarentena, esta posibilidad fue lo que permitió seguir ensayando cuando juntarse físicamente no era una opción. Además, libera espacio físico, algo especialmente valioso para quien prefiere un lugar de trabajo minimalista. El trabajo de armar la base de datos y escanear todo el material lleva tiempo, pero es exactamente el tiempo que después se deja de perder revolviendo cajas.