Cuentos Corales- César Ferreyra- “La seguridad y la vanidad”


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Este episodio comparte un fragmento del libro Cuentos Corales, del maestro César Ferreyra, titulado "La seguridad y la vanidad". El texto aborda un riesgo que atraviesa a cualquiera que dirija un coro, sin importar su nivel: la vanidad, y cómo esa vanidad termina proyectándose sobre los cantores.

Servir al compositor, no servirse de él

La idea central es ética antes que técnica: interpretar una obra es un servicio que el director le presta al compositor, no una ocasión para el lucimiento personal. Según el texto, esa actitud de servicio nace de admirar al autor, de sentirse en cierto modo inferior a él, de disfrutar imitando su emoción creativa.

La vanidad, en cambio, suele apoyarse en una falsa seguridad: repetir fórmulas que en el pasado generaron aplausos, como si la interpretación fuera una receta fija. El fragmento sostiene que esto es un error, porque la duda es más creativa que la certeza: permite renovarse continuamente y mantener viva la relación con un arte que, por ser temporal, se recrea cada vez que se interpreta.

No hay obras "menores"

Otro punto que señala el texto es la tentación de dividir el repertorio entre obras de "lucimiento fácil", pensadas para impactar al público, y el resto. Frente a eso, plantea que no existe una sola nota escrita que no contenga en sí misma todos los elementos del análisis interpretativo: duda, desazón, entusiasmo sin límites, incluso pena. Toda obra merece ser abordada con esa misma seriedad, sirviendo a la música y no usándola como vehículo de lucimiento.

El cierre del fragmento propone una actitud concreta: evitar la soberbia estéril y la vanidad impotente, y ante un buen resultado, celebrar íntimamente el acuerdo logrado con la obra y con el público, entendido como un receptor silencioso de esas especulaciones artísticas.

Para quien dirige un coro, esta reflexión funciona como un recordatorio simple pero exigente: cada ensayo y cada concierto es una nueva oportunidad para dudar, buscar y servir a la música, en lugar de administrar certezas ya conquistadas.