El "Fahr Wohl" es una de las canciones corales que Brahms escribió en su vejez, sobre un texto que saluda a un pájaro que emprende viaje. Este episodio comparte la lectura de un fragmento del libro "Cuentos Corales", de César Ferreyra, donde el autor cuenta que se despidió de la dirección del coro de cámara de Córdoba con esta obra, y describe el plan que se propuso para lograr una interpretación verdadera.
El texto la presenta casi como un ritual antes de cantar. Compartir con los cantores una copa de jerez. Reunirse sin apuro. Cerrar los ojos un cuarto de minuto con la partitura en la mano. Que alguien haga una broma, no sobre la música ni los músicos, y dejar que la sonrisa se instale en el cuerpo antes de tomar aire para atacar la primera nota.
De ahí en más, la receta se vuelve una guía para el momento mismo de dirigir: cuando llega la segunda nota, aguda y con acordes abiertos, hay que resolver en un instante si seguir o volver a empezar. Si hay que recomenzar y sale bien, seguir "como un buen piloto de tormentas": sin dejar caer la expresión, sin mover los brazos de más, permitiendo que el coro dude, respetando el pulso propio y el de los cantores antes que el tempo escrito. La consigna es no asesinar al autor con su propia dinámica, dejar que la música fluya y que "lo demás salga solo".
Para la segunda y la tercera estrofa, propone buscar matices, inflexiones o intensidades distintas de la primera. Y en el final, no cortarlo: dejar que la música muera sola, que los brazos caigan, y recién ahí, si hay aplausos, darse vuelta a buscar algún rostro conmovido entre el público, y también entre los propios cantores.
Más allá de la anécdota, el fragmento funciona como una reflexión sobre qué significa interpretar con verdad: menos control técnico y más disposición a dejar que la música y el grupo humano que la canta digan lo que tienen que decir.