5 elementos extra- musicales que cambiarán el desempeño musical de tu coro


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Una vocalización coral no es una clase de canto individual: la didáctica tiene que ser distinta porque no se puede escuchar a cada cantante uno por uno, ni siquiera en un ensayo presencial. Por eso conviene ordenar el trabajo en siete pasos, que pueden encadenarse en una misma vocalización o repartirse en varios ensayos. Los dos primeros —activación y calidad del sonido— conviene hacerlos siempre, porque tienen que ver con preparar el aparato fonador y coordinar la respiración con la relajación. Los cinco restantes se pueden ir alternando según lo que necesite el coro en cada momento.

Todo esto se puede trabajar tanto en ensayos presenciales como virtuales, aunque en los virtuales es más difícil chequear cómo resuelve cada integrante lo que se pide. Pidiendo cosas sin demasiada exigencia —activación, movilización, relajación— funciona igual de bien a distancia.

1. Activación del aparato fonador

Después de la activación corporal y el trabajo de respiración, los primeros ejercicios cantados tienen que ser tranquilos: boca cerrada o lengua contra el paladar, mandíbula relajada. Sirven ejercicios con vibración de labios o de lengua, con B larga, con B y R, o con B y L combinadas con vocales poco tensionantes como O y U, o pares como I-O o I-U. El objetivo es despertar el aparato fonador y sensibilizar la musculatura y los huesos que van a resonar. Ayuda pedirles a los cantantes que sientan las vibraciones tocándose la cara, los pómulos, el esternón o el cráneo con la punta de los dedos, o que lo hagan entre ellos si el ensayo es presencial. Todo esto se hace en registro central, ni grave ni agudo, y sin extenderse demasiado en el tiempo.

2. Calidad del sonido

Acá se busca un sonido limpio, con espacio, con buenos armónicos y proyectado, siempre conservando la relajación. Conviene trabajarlo en tesitura cómoda y central: apurarse a buscar volumen o agudos antes de asentar un buen sonido en el centro lleva a que los cantantes trabajen más con la musculatura que con el aire, y ese no es un camino sano a largo plazo.

3. Desarrollo de la tesitura

Recién cuando el sonido del registro medio está asentado conviene explorar los extremos agudos, intentando no perder la calidad lograda en el centro. Una aclaración importante: el extremo agudo de una voz se puede desarrollar, pero los graves no. Se puede mejorar la emisión y la calidad del sonido grave, y emparejar la colocación entre registros, pero no "desarrollar" el grave como se desarrolla el agudo.

4. Flexibilidad y agilidad

La agilidad varía según el tipo de voz: una voz liviana y de caudal pequeño tiene un tipo de agilidad distinto al de una voz grande y oscura, y en el coro conviven todas. Al trabajar este punto conviene mantener muy claro y controlado el ritmo y el dibujo melódico, en tesitura media, sin buscar agudos todavía. La flexibilidad está ligada a lo muscular, a la respiración y al trabajo del diafragma, y a cómo cada cantante se imagina emitiendo el sonido.

5. Dicción y articulación

El objetivo es la claridad de las consonantes y la pureza de las vocales, algo clave porque el canto coral es canto con texto. Emparejar vocales y consonantes favorece mucho el empaste. El cuidado acá es que el molde o "máscara" que se busca para unificar el sonido no se convierta en una prisión logrado a fuerza de endurecer la musculatura de la cara: se trabaja en tesitura central, sin movimientos musculares innecesarios.

6. Control del aire

Es la base que permite trabajar todos los puntos anteriores: la respiración costodiafragmática, el apoyo, el trabajo del diafragma. Pero también incluye dar herramientas concretas para sostener frases largas o para resolver los momentos en que queda poco tiempo para respirar. Sirven ejercicios de distinta duración combinados con movimientos de brazos o piernas, que ayudan a revisar el trabajo de la zona abdominal que sostiene el aire hasta el final de la frase.

7. Empaste y equilibrio

Se trabaja con ejercicios armónicos a varias voces, poniendo el foco en el oído: que cada cantante se escuche a sí mismo, escuche a su cuerda y, aunque cueste al principio, también escuche a las otras cuerdas al mismo tiempo. El objetivo es que ninguna cuerda tape a otra y que el resultado suene balanceado.

Para profundizar la parte corporal de todo este trabajo está el curso Técnica Alexander- conciencia corporal:, que aborda justamente la relajación, la sensibilización y la conciencia del propio cuerpo aplicadas al canto.

Tener estos siete puntos claros ayuda a decidir, ensayo por ensayo, qué priorizar según el momento del coro: no es necesario pasar por todos siempre, pero sí conviene saber en qué orden conviene abordarlos para no forzar agudos o exigencias que el grupo todavía no está en condiciones de sostener.