Cuentos Corales- César Ferreyra- “El manejo de la proporción”


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La proporción, en música, tiene que ver con la duración de las notas y las relaciones temporales entre ellas. De ahí surgen las divisiones, los compases, los pulsos, los calderones (las notas que se sostienen más allá de su valor escrito) y los acentos de tiempo. Este fragmento del libro "Cuentos Corales", de César Ferreyra, se detiene justamente en ese problema: cómo manejar la proporción cuando se dirige música antigua.

Un mismo repertorio antiguo puede aparecer notado de maneras muy distintas según la editorial que lo publique. Y la notación original establecía proporciones enormemente largas para el oído y el gesto de un director actual. Eso no significa que esa música fuera lenta: si se respetara al pie de la letra esa notación, sería imposible cantarla con un ritmo humano, uno que exalte el texto y arme un fraseo lógico.

Transformar la partitura en música viva

Frente a una partitura de estas características, el director tiene la tarea de transformarla en algo vivo, lógico y expresivo. La idea de que la música antigua es aburrida por naturaleza es un error: si suena aburrida es porque está mal interpretada.

Algunas indicaciones concretas del texto:

Reducir las batidas (los gestos de dirección que marcan el compás) lentas y tediosas. Recordar que hace tres o cuatro siglos las indicaciones de compás se usaban muy poco, sobre todo en la música polifónica. Marcar las frases en lugar de aferrarse a compases convencionales. Dejar que la propia obra, a través del texto o de la vocalización, vaya guiando las cesuras (las pausas o articulaciones del fraseo), los fraseos y hasta los compases. Tener presente que la música profana antigua era muy rica rítmicamente, y cambiar de batida cuando el buen gusto lo aconseje, siempre con coherencia desde el comienzo de la preparación hasta el concierto.

Es una guía breve pero concreta para cualquier director que se enfrenta a repertorio antiguo: no hay que temerle a la partitura original, pero tampoco hay que obedecerla ciegamente si el resultado es una interpretación rígida y sin vida.