Ideas para crear un coro en tu escuela- con Ricardo Barrera


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Ricardo Barrera lleva décadas dirigiendo coros escolares y en esta entrevista da una respuesta muy concreta a una pregunta que se hacen muchos docentes de música: ¿cómo se arma un coro en una escuela que nunca tuvo uno?

Antes de hablar con los directivos, escribir el proyecto

Para Barrera, lo primero no es ir a pedirle permiso al director de la escuela, sino poner por escrito un plan. "Uno más que llevarle un sueño, tiene que llevarle un proyecto, una solución", dice. Ese papel debería incluir, en este orden: el por qué y el para qué del coro (los fundamentos y los objetivos), quiénes lo van a llevar adelante, los recursos necesarios —humanos, materiales y financieros, aunque sea para las partituras—, cómo se va a organizar el tiempo (cuántos ensayos por semana, de cuántos minutos, cuántos meses de trabajo), un día y un horario concretos, el lugar disponible y, por último, la metodología de trabajo.

Sobre los horarios, Barrera cuenta su propia experiencia: con los coros de secundaria trabajaba fuera del horario de clase, con dos horas disponibles después de la jornada, porque los adolescentes tienen más autonomía para quedarse solos. Con los coros de niños de primaria, en cambio, armaba el ensayo aprovechando el cambio de turno: tomaba media hora del final del turno mañana y media hora del comienzo del turno tarde, y así conseguía una hora de ensayo un par de veces por semana. También menciona que muchos coros de niños funcionan los sábados a la mañana, un horario que le resulta ideal porque el padre puede dejar al chico, hacer las compras y pasarlo a buscar al terminar.

Sin pruebas de voz: el único límite es la salud vocal

Barrera es tajante sobre quién puede integrar el coro escolar: todos los que quieran. "¿Acaso el profesor de matemática puede seleccionar a los alumnos de matemática?", pregunta. Para él, todo niño tiene derecho a cantar, y el único filtro admisible es la salud vocal: si un chico no está sano, se lo deriva al otorrino o al fonoaudiólogo para que pueda volver a cantar cuanto antes. Cuenta que llegó a tener 80 chicos en un coro de primaria —el límite lo puso el tamaño del salón— y coros de secundaria de hasta 170 integrantes arriba del escenario.

También repasa un capítulo de historia: a fines de los años 80 hubo en Argentina un programa nacional llamado "director de coro rentado", que contrataba directores para escuelas y colegios nacionales de más de 20 cursos. Según Barrera, la mayoría de los directivos no quiso implementarlo porque complicaba tener personal y alumnos fuera del horario de clase en el mismo edificio, así que el programa no se extendió tanto como hubiera podido. Él mismo tomó cinco de esos coros y todavía sigue al frente de uno; menciona que Gonzalo Villalba conserva otro, en Mendoza, de ese mismo programa.

Cómo convencer a un directivo que ve al coro como un problema

Gus le plantea el punto más difícil: para muchos directivos, un coro es un problema logístico antes que un beneficio. Barrera propone un argumento pedagógico: el coro es "el organismo escolar integrador por excelencia". Cantando, los chicos incorporan conceptos fisiológicos sobre su propio cuerpo, aprenden a hablar correctamente —no solo qué dicen, sino cómo manejan el aparato fonatorio—, suman vocabulario a través de las letras de las canciones y conocen contextos históricos y geográficos si el docente hace bien su trabajo. Pone como ejemplo cantar una canción sobre un caudillo histórico argentino: la excusa perfecta para hablar de las luchas internas de una época. Cuanto más entienden los chicos lo que cantan, sostiene, mejor es la interpretación.

Que el coro no vuelva a empezar de cero cada año

Barrera compara la sustentabilidad de un coro con la de un avión, no la de un helicóptero: un helicóptero puede sostenerse quieto en el aire, pero un avión solo se sostiene si avanza. El coro tiene que crecer siempre, y para eso la convocatoria debe estar abierta todo el año, no solo al principio. Cuenta que al comienzo de su carrera cometió el error de no convocar nuevos integrantes durante un año: se quedó con diez chicos y no pudo armar un concierto. Desde entonces mantiene la puerta abierta también para quienes llegan tarde.

Los alumnos más antiguos, dice, funcionan como andamios para los que recién empiezan: conocen el oficio de cantar en ese coro particular y ayudan a que los nuevos se sumen rápido, lo cual también evita que los más experimentados se aburran repitiendo siempre lo mismo desde cero.

Una deuda de la formación docente

Para cerrar, Barrera señala un problema que ve en los conservatorios: a los profesores de educación musical no se les enseña a formar coros ni a enseñar a cantar, más allá de la técnica de mover la mano. Considera que el canto es "el cimiento de la música" y que lograr que un curso entero cante afinado a una sola voz ya es un logro enorme desde el cual se puede construir un coro.

La entrevista completa puede verse en youtube. Quienes quieran compartir su propia experiencia armando un coro escolar pueden escribir a través de gusespada.com/contacto.