Un lugar donde ser feliz- con Betty Sainz


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Betty Sainz empezó a cantar de chica en el Coro de Niños Cantores de Córdoba, dirigido por Herbert Dill, a quien llamaba "el mago" porque transformaba las situaciones más difíciles en oportunidades. Un día, en medio de un concierto, Dill le dio el diapasón y le dijo que siguiera dirigiendo ella. Ahí descubrió que se acordaba de todas las tonalidades del repertorio, de los sonidos de cada voz y de los gestos de entrada: fue, dice, la semilla de todo lo que vino después.

De asistente a directora

Sainz no estudió la carrera de dirección coral: llegó a ella mientras estudiaba el profesorado de iniciación musical, cuando Oscar Castro la invitó a ser su asistente en un coro de niños de la Municipalidad de Vicente López. Al año, cuando Castro se fue a la universidad, ella quedó a cargo del coro y siguió aprendiendo junto con los chicos. Después dirigió un coro de jóvenes, un sexteto vocal masculino con el que exploró el color del contratenor, y distintos coros de adultos. Entre sus maestros de dirección y análisis nombra especialmente a Pablo Sosa y a Van der Meulen, de quienes destaca no solo lo musical sino la experiencia humana de aprender a través de su ejemplo y su afecto.

El coro como lugar de comunión

Para Sainz un coro es una especie de ensayo de convivencia en sociedad: cada uno aporta lo mejor de sí, hay mucho trabajo detrás y todos apuntan a una meta común, pero al mismo tiempo se disfruta con una intensidad muy profunda. Es, dice, un lugar de comunión espiritual, algo que sigue viendo en los chicos de aquella época que hoy son adultos y todavía recuerdan la felicidad de haber sido niños cantores.

De Sembrar y la pandemia

Sainz llegó al proyecto De Sembrar por invitación de Mariana, que había sido una de sus primeras niñitas cantoras en Vicente López. Cuando empezó la cuarentena, en marzo, el trabajo presencial se interrumpió y no pudieron volver a encontrarse. Intentaron sostener el contacto con los chicos por Zoom, pero para Sainz esa herramienta funcionaba como un lugar de inhibición más que de provocación: en la presencialidad se puede provocar algo y que todos respondan a la vez, y eso en el Zoom es imposible, porque cada uno tiene que responder en su momento. De a poco fueron enviando canciones y propuestas a las maestras y a los chicos, pero el contacto se fue diluyendo a medida que cada familia tuvo que buscar su propio modo de moverse en esa situación. El proyecto quedó en pausa, a la espera de poder retomarlo.

Preparar el ensayo como un convite

Sainz insiste en que los directores tienen que ir al ensayo con la tarea pensada de antemano, como quien prepara un menú para convidar a su gente: eso no impide dejar ventanas abiertas para lo que surja en el momento, pero cada parte del ensayo tiene que tener un porqué, no ser una cosa detrás de la otra. Esto es especialmente importante para quienes recién empiezan a dirigir coros de niños sin formación coral previa: hay que conocer bien cada canción antes de enseñarla, nada de leerla con el "machete" en la mano frente a los chicos. Para los coros de niños que empiezan, dice, la canción es la reina del ensayo: alrededor de ella se puede trabajar poesía, sentimientos, color vocal y otras realidades.

Elegir un repertorio que primero seduzca al director

Sainz explica que en los primeros años conviene buscar canciones dentro de un rango vocal seguro, más o menos entre un Do agudo y un Do grave, porque las canciones populares suelen exceder ese rango y obligan a los chicos a desafinar para imitar voces demasiado agudas o demasiado graves. Pero más allá del rango, su criterio principal es otro: elegir canciones que la enganchen, la diviertan y le despierten algo a ella misma, porque enseñar una canción es un trabajo de seducción y encantamiento, y si el director se aburre con una canción, jamás la va a transmitir bien. Cuando no encuentra la canción que busca, la inventa.

El folklore como tesoro para niños

Sainz señala que la música folclórica antigua —bagualas, coplas, vidalas— es un territorio enorme para trabajar con niños, por la poesía y las imágenes que sugieren. Da el ejemplo de una vidalita chayera que dice "algarrobo, qué gusto me dan tus ramas cuando empiezan a brotar": ahí se puede abrir todo un mundo sobre la celebración del carnaval en distintas provincias. También propone invitar a los chicos a crear su propia poesía, por ejemplo tomando los sonidos de una baguala para escribir letras nuevas sobre el sol, los colores o los pájaros. Materiales como Música Ancestral para niños y Obras Folklóricas para niños reúnen justamente ese tipo de repertorio folclórico pensado para la iniciación coral infantil, y un registro como Rondas Corales- ADICORA 2020 muestra ese trabajo con rondas y canciones tradicionales en vivo.

Para quienes dirigen coros de niños, la charla con Betty Sainz deja una idea central: preparar el ensayo con cuidado no es incompatible con jugar, y el repertorio funciona mejor cuando primero conquista al propio director. Preguntas o comentarios sobre el episodio pueden enviarse a través de gusespada.com/contacto.