Hay mucho repertorio coral para grupos que recién empiezan a cantar al unísono, y también hay mucho y muy bueno para coros que ya dominan el canon y el quodlibet (dos o más melodías o textos distintos que se combinan y suenan bien juntos). El problema, dice Bernardo Latini, compositor invitado a este episodio, está en el medio: para los coros infantiles que ya dejaron el unísono puro pero todavía no llegan a resolver un canon de mediana dificultad, el material escasea.
Para llenar ese hueco, Latini compuso ocho canciones que forman parte de un libro colaborativo pensado con dos colegas de la provincia de San Juan, directores de los coros de niños de la universidad de esa provincia, con formación en Hungría en la metodología Kodály. La propuesta de ellos fue escribir una parte teórica que explicara paso a paso cómo llevar a un coro del unísono a la polifonía, y pedirle a Latini que compusiera una obra por cada uno de esos pasos.
Antes de entrar en el libro, Gus le preguntó a Latini por su forma de trabajar como compositor de tiempo completo. Latini se define como una persona "muy poco inspirada": la inspiración existe, dice, pero es solo la punta del iceberg, una idea que no vale nada si después no se trabaja con método. Cita a su profesor de composición en La Plata, Mariano Etkin, que resumía el oficio como "5% de inspiración, 90% de transpiración y un 5% más de satisfacción". En la práctica, Latini planifica con lápiz y papel —porque le resulta más fácil vincular ideas que en la obra final van a estar separadas por minutos— y después vuelca todo al editor de partituras.
Los pasos que propusieron sus colegas, y que las composiciones de Latini ilustran, van del unísono a capela o con acompañamiento armónico, pasando por el unísono con movimiento corporal, las melodías compartidas, la percusión corporal, la voz ocasional, el pedal, el ostinato melódico, el quodlibet, el canon no secuencial y el canon secuencial con terceras paralelas, hasta un último nivel más libre donde ya hay repertorio de sobra.
Cada canción integra las dificultades trabajadas en las anteriores sin adelantar las que todavía no corresponden: la canción 3, por ejemplo, retoma lo de la 1 y la 2 pero no toca nada de la 4. Las obras también se pueden cantar sueltas o como ciclo completo, porque cuentan una historia: un coro de niños que viaje de ida y vuelta en un colectivo. Los textos, de una persona con formación en psicología infantil, incorporan cuestiones como el desapego de los padres, la expectativa y los límites. La idea de espacialidad del viaje se traduce en recursos de puesta en escena: los chicos ubicados como si estuvieran sentados en un ómnibus, y las frases que se responden entre los que miran al frente, a los costados o al fondo. Sobre composición espacial para coros de niños hay más ejemplos en Composiciones “espaciales” y cómo escribir para coros de niños- con Diego Boero.
El libro, que en el momento de la entrevista estaba en revisión para publicarse a través de una editorial, incluye también consejos prácticos de sus dos autores, con nombres tomados del mismo universo del viaje: la "revisión técnica del colectivo" para diagnosticar el estado del grupo, "cinturones de seguridad y motor en marcha" para hablar de pulso estable, o el "combustible emocional" para la dinámica de ensayo. Latini insiste en que su aporte es apenas un tercio del proyecto, y que las ocho canciones son sobre todo una excusa para que otros directores se animen a escribir sus propios materiales siguiendo esas mismas pautas. Sobre la situación editorial de la música coral en Argentina se habló también en Cantata Martín Fierro, y la situación editorial de la música coral en argentina- con Oscar Escalada.
Para quien dirige un coro infantil que ya canta bien al unísono pero todavía no resuelve un canon, este episodio ofrece algo más que la noticia de un libro: un mapa concreto de qué pasos intermedios existen y por qué conviene respetarlos antes de pasar a la polifonía.