Cuando un coro tiene que memorizar la música en lugar de leerla de partitura, la cantidad de información que cada integrante debe retener es enorme: notas, ritmo, texto, matices, tempo, expresión. Memorizar exige repetición, y la repetición tiene efectos negativos: cansancio, hastío, pérdida de ganas de cantar. Esos efectos afectan directamente a la afinación, el balance y el empaste del coro, porque estos tres aspectos están tan ligados entre sí que un problema en uno termina afectando a los otros dos.
El otro riesgo es que el aprendizaje de las partes se coma la mayor parte del tiempo de ensayo, cuando lo más importante debería ser el trabajo expresivo. Para evitarlo, hay tres herramientas de técnica de ensayo que ayudan a que la lectura y memorización del repertorio sean más rápidas sin caer en la mecanización.
Para que la memoria no se vea desbordada, conviene fragmentar la información en unidades reconocibles con sentido propio. Una melodía de cuarenta compases, por ejemplo, rinde mejor si se divide en fragmentos que tengan sentido melódico, rítmico o de texto, evitando cortar palabras a mitad de camino.
Dividir también sirve para organizar al coro en ensayos parciales: una cuerda un día, otra al día siguiente, y un tercer ensayo con todos juntos. Si solo hay un ensayo semanal, la misma lógica se puede aplicar dentro de esa única sesión. Y dividir sirve, además, para aislar parámetros musicales: si el problema es rítmico, se trabaja el ritmo con el texto pero sin melodía; si es melódico, se quita el ritmo y se aísla la voz problemática; si es el texto, se enseña primero con "la la la" y se agrega después. Diagnosticar bien cuál es el parámetro conflictivo y aislarlo ahorra tiempo y repeticiones.
Jerarquizar es clasificar y dar prioridad a lo que se escucha. Hay tres formas de aplicarlo. La primera es jerarquizar los problemas dentro de un mismo pasaje: si en una primera lectura las sopranos cantan una nota equivocada, eso va antes que un matiz de afinación menor, que puede esperar.
La segunda es decidir cuánto tiempo de ensayo se le dedica a cada obra del repertorio, según su dificultad y según la necesidad de alternar piezas exigentes con otras que sirvan de estímulo para el grupo. La tercera es decidir cuánto tiempo necesita cada cuerda, teniendo en cuenta que no todas aprenden al mismo ritmo: planificarlo de antemano evita que el resto del coro quede mirando sin hacer nada mientras se trabaja con una sola cuerda.
Sectorizar es lo opuesto a trabajar "al bulto": significa focalizar cada intervención en el lugar exacto donde está el problema. Una forma es definir los momentos del ensayo según la energía y la concentración disponibles: por ejemplo, ubicar el trabajo vocalmente más exigente después de la vocalización, o el trabajo de memorización antes de que decaiga la concentración.
Otra forma es sectorizar el lugar de la repetición: si el problema está en un compás puntual, no hace falta cantar la obra desde el principio (da capo) cada vez. Conviene trabajar ese fragmento, ampliarlo un poco antes y después, y dejar el da capo completo para el final, cuando ya se está por cambiar de obra. La tercera forma es identificar, dentro de cada cuerda, quién tiene un problema puntual: si de quince sopranos solo una canta mal una nota, es más rápido corregir con esa persona sola que hacer repetir a toda la cuerda.
Estas tres herramientas —dividir, jerarquizar y sectorizar— aplicadas de manera sistemática hacen que el tiempo de ensayo rinda más, que haya menos repeticiones innecesarias y que el aprendizaje del coro sea más rápido. Eso deja más tiempo disponible para lo que realmente importa: trabajar la interpretación y el aspecto expresivo de cada obra.