Encore, Sibelius, Finale, con cuál me quedo?


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Cambiar de computadora no debería ser un problema para un arreglador coral, pero a veces lo es. Le pasó a un arreglador y director de coro que colabora con este blog: compró una máquina nueva por necesidad —la vieja había quedado sin actualizaciones— y descubrió que, al revés de lo esperado, esta vez la computadora era demasiado nueva para el software que usaba siempre. Sibelius no le funcionaba ahí. Finale sí.

Aprender por necesidad

Con Sibelius había trabajado años, pero siempre "al servicio de hacer algo rápido", sin detenerse a profundizar. Con Finale la situación fue distinta: tenía trabajo urgente que sacar adelante, así que no quedó otra que sentarse a estudiar el programa en serio, casi como quien aprende a tocar un instrumento. El resultado fue que terminó dominándolo al punto de volverlo una herramienta ágil para su trabajo diario: arreglos corales, arreglos para cuarteto de cuerdas, adaptaciones de piano y coro cuando una orquesta dejaba de estar disponible para un concierto.

Por qué se queda con Finale

Entre los tres editores de partituras más usados —Sibelius, MuseScore y Finale— la elección, dice, tiene menos que ver con las bondades objetivas del software que con el tiempo invertido en aprenderlo. Aun así, señala dos cosas concretas que lo convencieron: el control sobre la edición gráfica, muy potente para darle a una partichela una presentación cómoda para el músico que la va a tocar, y la posibilidad de trabajar con cifrados armónicos. Esto último es clave para quien arregla: alcanza con escribir la melodía original y el cifrado de acorde correspondiente para tener, dentro del mismo programa, una primera impresión de cómo va a sonar el arreglo.

El fantasma de Encore

La charla también repasa un fenómeno conocido entre directores corales: muchos siguen usando Encore, un programa discontinuado y poco cómodo, simplemente porque ya lo conocen y les resulta fácil. La experiencia de este arreglador es al revés: no eligió Finale por comodidad inicial, sino que la comodidad llegó después, como consecuencia de haberle dedicado tiempo real de estudio.

Para quien dirige un coro y arregla música, la conclusión práctica es simple: el mejor editor de partituras no es necesariamente el más nuevo ni el más recomendado, sino aquel al que se le dedica tiempo de aprendizaje real. Ese esfuerzo es el que después se traduce en velocidad y comodidad a la hora de escribir un arreglo.